Por Isabel Fernández del Castillo
No hay nada que pueda preparar psicológicamente a una mujer o una familia para el nacimiento de un/a hija/o antes de tiempo. La preocupación, el miedo y a menudo la culpa suelen unirse irremediablemente en una amalgama de emociones muy difíciles de gestionar, en una etapa -el puerperio- ya de por sí psiquicamente delicada por naturaleza.
Si bien la supervivencia de los bebés ha mejorado muchísimo en prematuros cada vez más pequeños, el reto actual sigue siendo el desarrollo en las mejores condiciones posibles y la prevención de las secuelas.  Estas suelen deberse a la inmadurez con la que nacen y las patologías que puedan traer, pero también influye la forma de cuidado.
Además de los efectos de la inmadurez en sí, la principal causa de estrés tóxico en el bebé es la separación de la madre, algo para lo que ningún bebé nace preparado, y aún menos un bebé prematuro.

La buena noticia

En los últimos decenios, el cuidado de los prematuros ha dado un vuelco importante.  Desde que se descubriera en los años 70 la eficacia de los Cuidados Canguro en la mejora de los índices de supervivencia y de la salud de los prematuros, científicos de la talla de Nils Bergman han investigado, mejorado y fundamentado científicamente esta forma de cuidado. Esta consiste, básicamente, en ofrecer prodigar al recién nacido, además de los cuidados médicos necesarios en cada caso, unas condiciones lo más parecidas posibles al útero materno.
Este sistema de cuidado consiste básicamente en tres puntos: contacto piel con piel, lactancia materna y apoyo a la familia.  Es lo que se conoce también como Cuidados Centrados en el Desarrollo y la Familia (NIDCAP).  En España algunos hospitales como el 12 de Octubre (Madrid), Vall d’Hebron (Barcelona) o Juan XXIII (Tarragona) son pioneros en este tipo de cuidado.

El contacto Piel con Piel sana

 El hábitat natural del recién nacido es el regazo de su madre, afirma el eminente neonatólogo Nils Bergman.  En otras palabras: el cuerpo de la madre regula fisiológicamente al bebé.  Cuando madre y bebé están en contacto piel con piel, la temperatura, el ritmo cardíaco y respiratorio y la frecuencia cerebral del bebé se sintonizan y acompasan con los de su madre.  El contacto y el olor de la madre genera una sensación de seguridad y un flujo de hormonas de bienestar, entre las que se encuentra la oxitocina, que dan lugar a un importantísimo efecto reductor del estrés, que ayuda a paliar en cierto modo el estrés que supone estar fuera del cuerpo materno antes de tiempo.  En contacto piel con piel lo más frecuente posible, el bebé gana peso más deprisa, tiene un sueño más profundo, mejora su desarrollo cerebral, adquiere una mayor resistencia a las infecciones, y todo ello contribuye a reducir el tiempo de estancia en la UCIN y a prevenir secuelas.
El contacto piel con piel también reduce el estrés en la madre y aumenta la producción de oxitocina, lo que favorece la lactancia materna y también el vínculo madre-bebé, tan importante para el futuro de su relación.
El padre u otros miembros de la familia también pueden hacer piel con piel.
 

Lactancia Materna

Si para un bebé nacido a término la lactancia materna es el mejor alimento posible, para un bebé prematuro puede significar la diferente entre la vida y la muerte.  Hasta hace no mucho, una de las causas de muerte más frecuentes en bebés prematuros era la enterocolitis necrotizante una enfermedad de evolución fulminante que solía culminar con la muerte del bebé.  El principal factor de protección frente a esta enfermedad es la lactancia materna.  La leche materna es un alimento inteligente y funcional, es decir, que varía de composición en función de las necesidades de los bebés. En los prematuros, la lactancia mejora el desarrollo cerebral, ayuda a prevenir secuelas, ayuda a establecer el vínculo afectivo, mejora todos los sistemas de autorregulación del bebé, como el sistema inmunitario.  Eso le confiere una mayor protección frente a infecciones, entre otros muchos efectos. 
Los efectos siempre son de ida y vuelta,

Apoyo psicológico a la familia

Como decíamos al principio, ninguna familia está preparada para enfrentarse a la prematuridad de sus bebés.  El apoyo por un/a profesional especializada en psicología perinatal ayuda a prevenir trastornos como la ansiedad y la depresión posparto, y a abordar los trastornos del vínculo con el bebé, algo frecuente cuando el bebé ha estado internado, especialmente si no se ha podido hacer los Cuidados Canguro.

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