Los preescolares que han experimentado circunstancias adversas en el comienzo de la vida (pobreza, prematuridad, bajo peso al nacer …) pero disfrutan de una crianza más amorosa y un entorno más estimulante presentan puntuaciones de coeficiente intelectual más altos más adelante en la vida, según demuestra un estudio.

Los niños en edad preescolar que viven en comunidades empobrecidas y tienen un entorno hogareño cariñoso y que les ofrecen experiencias adecuadas tienen puntuaciones de coeficiente intelectual (IQ) significativamente más altos en la adolescencia en comparación con los que se criaron sin estos cuidados de calidad. Ese es el hallazgo de un nuevo estudio realizado por investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Maryland (UMSOM), analizando los datos de 1600 niños de Brasil y Sudáfrica desde el nacimiento hasta la adolescencia. Los resultados se publicaron en la revista The Lancet Child & Adolescent Health.

Los investigadores analizaron datos de estudios de larga duración realizados en Brasil y Sudáfrica para evaluar si los niños expuestos a adversidades tempranas (como pobreza extrema, bajo peso al nacer o parto prematuro) podrían alcanzar su máximo potencial de aprendizaje al experimentar cuidados amorosos y un entorno propicio al aprendizaje en su hogar. Descubrieron que las adversidades prenatales y tempranas tienen un impacto a lo largo de la vida. Los adolescentes que habían estado expuestos a múltiples adversidades al principio de la vida tenían puntuaciones de IQ más bajos, más probabilidades de tener dificultades para adaptarse social y psicológicamente y lograron una estatura física más baja en comparación con los adolescentes que habían estado expuestos a menos adversidades.

Pero también descubrieron que criarse en un entorno cariñoso y propicio podría contrarrestar significativamente el efecto perjudicial de las adversidades tempranas en el coeficiente intelectual y ayudar a los niños a alcanzar su máximo potencial intelectual.

«Descubrimos que los adolescentes que se criaron en entornos enriquecedores tenían puntuaciones de coeficiente intelectual que eran en promedio 6 puntos más altos que los que no. Esta es una diferencia sorprendente que tiene profundas implicaciones al aumentar la inteligencia de comunidades enteras», afirmó una de las autoras del estudio, Maureen Black, PhD, profesora de pediatría de la UMSOM, John A. Scholl y Mary Louise Scholl. 

La autora principal del estudio, Angela Trude, PhD, y becaria postdoctoral en el Departamento de Pediatría de la UMSOM, agregó: «Los padres quieren brindar entornos enriquecedores y nosotros debemos ayudarlos». Ella dijo que esto incluye interactuar con los niños pequeños de una manera positiva, como leer libros para niños de la biblioteca, cantar canciones juntos y jugar con números y letras. Los niños que realizan tareas propias de su edad con la supervisión de un adulto, como recoger juguetes y limpiar la mesa, adquieren habilidades y se sienten bien al ayudar.

«Haga que los niños participen en actividades sociales con amigos y familiares tanto como sea posible en lugar de estacionarlos frente a una pantalla», dijo el Dr. Black. «A los niños les encanta aprender y, en un entorno que apoye el aprendizaje, pueden convertirse en adolescentes y adultos con la capacidad de cuidar de sí mismos, sus familias y sus comunidades».   «Esta investigación destaca la importancia de apoyar a las familias y cuidadores, tanto en el hogar como en la escuela, para ayudar a los niños a llevar una vida más plena y positiva como adultos».

 

Referencia:

Angela C B Trude, Linda M Richter, Jere R Behrman, Aryeh D Stein, Ana M B Menezes, Maureen M Black. Effects of responsive caregiving and learning opportunities during pre-school ages on the association of early adversities and adolescent human capital: an analysis of birth cohorts in two middle-income countriesThe Lancet Child & Adolescent Health, 2021; 5 (1): 37 DOI: 10.1016/S2352-4642(20)30309-6