Por Darcia Narvaez y Cathriona Catio

Para los padres de todo el mundo, los consejos y consignas sobre prácticas de crianza han sido durante mucho tiempo una fuente de mucho conflicto, especialmente cuando se trata de criar bebés.

Mientras las tendencias van y vienen, uno de los temas más conflictivos es si el “entrenamiento para dormir” (dejar a los bebés solos para que lloren hasta quedarse dormidos) es tan útil como a menudo lo presentan los defensores de esta práctica.

Solía ​​ser un hecho aceptado que los bebés tienden a angustiarse fácilmente cuando están solos, y les cuesta dormir toda la noche, y en la actualidad, muchos padres adoptan un enfoque diferente, con poca o ninguna intervención si su hija/o se despierta llorando.

Planteando las cuestiones clave

Muchos autores, blogueros y algunos médicos fomentan el entrenamiento de sueño para bebés, afirmando que ayuda al bebé a aprender a calmarse. Pero como investigadores de las necesidades biológicas y psicológicas de los bebés durante los últimos 15 años, podemos decir con confianza que esto es una ilusión, ya que el entrenamiento del sueño en realidad viola lo que los expertos en primera infancia llaman la necesidad de relaciones seguras, estables y enriquecedoras.

También viola el instinto de los padres de consolar a su criatura. De hecho, desde una perspectiva evolutiva, el entrenamiento del sueño va en contra de nuestra herencia de mamíferos, que enfatiza el cuidado en compañía de múltiples cuidadores receptivos que brindan un afecto extenso y una presencia reconfortante constante.

Como mamíferos sociales, los bebés necesitan contacto afectuoso y cuidados que les reconfortan y relajen, mientras ellos aprenden a vivir fuera del útero y autorregularse. Si los cuidadores no están físicamente presentes y en contacto con sus crías durante al menos varias horas al día, ofreciendo consuelo cuando es necesario, varios sistemas de regulación pueden quedar afectados, porque las respuestas al estrés pueden quedar configuradas para reaccionar de forma exagerada. Eso significa que el cerebro siempre estará alerta a las amenazas, incluso cuando tales las amenazas no existan realmente (por ejemplo, cuando alguien choca accidentalmente contigo pero lo tomas como una provocación intencional)..

Una parte importante del problema de tratar de entrenar a un bebé para dormir es que socava aspectos clave del desarrollo de la criatura: función cerebral, inteligencia social y emocional, confianza en uno mismo, en los demás y en el mundo. Experimentos llevados a cabo con monos bebés aislados, privándolos del contacto maternal (todavía podían oler, oír y ver a otros monos), por ejemplo, encontraron que cuando no los tocaban, los monos bebés desarrollaban todo tipo de alteraciones cerebrales y sociales. Los seres humanos también son mamíferos sociales y, como mínimo, necesitan un cuidado afectuoso y responsivo.

La cría humana es particularmente inmadura al nacer a término (40-42 semanas) con solo el 25 por ciento del volumen del cerebro adulto desarrollado. Esto se debe a que cuando los humanos evolucionaron para caminar sobre dos piernas, la pelvis femenina se estrechó.

Como resultado, hasta alrededor de los 18 meses, los bebés humanos parecen fetos (si lo comparamos con otras especies de animales), cuando los huesos superiores del cráneo finalmente se fusionan.  El cerebro de un bebé humano triplica su tamaño en los primeros tres años y durante los primeros meses y años, el cerebro y el cuerpo del niño establecen el funcionamiento de múltiples sistemas, en respuesta a la atención recibida. Y la respuesta al estrés puede volverse hiperactiva si los bebés no se mantienen contentos la mayor parte del tiempo, lo que puede causar problemas de salud física y mental a largo plazo..

La sincronía bioconductual continua con los padres (es decir, el requisito de presencia física, el acoplamiento de los ritmos cardíacos y la función autónoma, la coordinación de las ondas cerebrales y de la liberación de hormonas como la oxitocina) es fundamental en la vida de un bebé y sienta las bases para la futura autorregulación e inteligencia socioemocional de la criatura..

El entrenamiento del sueño (dejar llorar al bebé hasta que se duerma) puede ser dañino para un cerebro y para una psique en crecimiento. Los investigadores han documentado cómo, con el entrenamiento del sueño, los instintos de lucha y huida de los bebés se activan en respuesta a una angustia extrema, al quedarse sin un contacto físico reconfortante. Cuando la angustia de la separación y la falta de respuesta duran demasiado, el bebé puede “calmarse”, aparentemente, pero es para reservar una energía limitada. Este retraimiento al entumecimiento puede manifestarse como un deterioro en la confianza social. Estos patrones pueden continuar en la edad adulta cuando las cosas se vuelven demasiado estresantes, dejando de pensar y sentir en situaciones en las que el individuo entra en pánico o enojo.

Las criaturas son moldeadas física y psíquicamente por el estilo de crianza, y ese moldeado dura toda la vida, a menos que se lleve a cabo una terapia u otra intervención. En otras palabras, los padres tienen una gran influencia en la personalidad y la inteligencia socioemocional de sus hijos. Y cuando los padres son reconfortantes y calmados, esto facilita el desarrollo saludable de los niños..

El verdadero cuidado responsivo significa adaptarse a las necesidades de los bebés, ayudarlos a mantener la calma, prestar atención a los gestos y expresiones faciales que indican incomodidad y moverse para restablecer suavemente el equilibrio. El llanto es una señal tardía de necesidad, por lo que ignorarlo por completo puede significar que ha esperado demasiado.

 

Darcia Narvaez es profesora emérita de Psicología en la Universidad de Notre Dame, y Cathriona Cantio es Profesora Adjunta en la Facultad de Ciencias de la Salud en la Universidad del sur de Dinamarca

 

Traducido de:

Fifteen years of research suggests that sleep training for babies can cause them more distress