Por Ana González Uriarte, psiquiatra infantojuvenil
Contenido desarrollado más ampliamente en la  Formación en Ecología de la Infancia

Si bien los problemas derivados de la adicción a las pantallas se manifiestan en toda su crudeza en la adolescencia, la realidad es que se cocinan a fuego lento, desde la primera infancia.  El efecto adictivo de las pantallas es directo y también indirecto, no se debe solo a la exposición a las mismas y a los contenidos, sino también al hecho de restar tiempo y oportunidades para interactuar con la familia, y para actividades que permiten desarrollar inteligencias y habilidades  que sólo se pueden adquirir en la vida real, por ejemplo, de índole emocional y social.  Esos déficits acaban convirtiendo el mundo virtual en un refugio que da la falsa apariencia de control sobre las circunstancias, creando un círculo vicioso que, una vez llegados a la adolescencia, se manifiesta de una forma muy intensa y con un menor margen para afrontar el problema.

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Miremos a la adolescencia.

A las y los adolescentes: diferentes y singulares, cada cual con su “mochila” repleta de habilidades, capacidades, así como de dificultades o vulnerabilidades. Cargada con su historia de desarrollo, su contexto familiar, escolar y social. Adolescentes singulares que aun siendo diferentes comparten:

  • una serie de necesidades básicas que son comunes a todas las personas como seres sociales que somos: la necesidad de establecer vínculos afectivos, la necesidad de pertenencia y de reconocimiento y validación. Necesidades que en la infancia se satisfacen prioritariamente en la familia y que al llegar a la adolescencia va cambiando el foco hacia el grupo de iguales.
  • Y el hecho de estar inmersos en esta etapa del ciclo vital que llamamos crisis adolescente ya que conlleva profundos cambios a todos los niveles. Cambios físicos, psíquicos, neurobiológicos, y sociales. Y cuya finalidad sería en resumen convertirse en adultos autónomos además de interdependientes (`por aquello de ser como especie, ultrasociales). Para ello han de salir progresivamente de la “burbuja familiar” y explorar el mundo lo que les permite redefinir su identidad y descubrirse a sí mismos. Este proceso conlleva una necesidad creciente de pertenencia e identificación con el grupo de iguales. Es una transición intensa, a menudo difícil, y prolongada …y que conlleva estrés.

Los cambios neurobiológicos propios del desarrollo adolescente son los responsables de esa tendencia a la búsqueda de novedad y de gratificación, así como del incremento de la impulsividad propios de esta etapa. Sabemos además que hasta los 25-26 años no maduran las áreas relacionadas con la autorregulación y la reflexividad por lo que tenemos adolescentes que necesitan explorar, buscar novedades y gratificaciones fuera del ámbito familiar y con cierta inmadurez reflexiva.

Características extraordinarias que les dota de curiosidad, energía, creatividad, nuevas maneras de pensarse a sí mismos y al mundo…pero, como sociedad, ¿qué les ofrecemos?

Las nuevas tecnologías

Aplicaciones de mensajería como WhatsApp por un lado y Redes Sociales como Instagram o Tiktok por otro son muy populares entre las y los adolescentes.

Es una industria, la de las Tecnologías y sus aplicaciones, que mueve mucho dinero. Por poner un ejemplo, Facebook compró Instagram por mil millones de dólares en abril de 2012, y sus ingresos han ido creciendo llegandoen 2020 a los 20 mil millones de dólares ¿Cuál es la clave del negocio de estas redes y aplicaciones que son aparentemente “gratuitas”, de donde sale todo ese dinero? Los ingresos millonarios proceden de la publicidad. Y la clave está en el tiempo que los usuarios pasan en ellas.

¿Qué buscará, por tanto, la industria tecnológica? Cuanto más tiempo usando las aplicaciones más ingresos, y cuanto más jóvenes y menos críticos, mejor.

Hay que tener presente que son plataformas que permiten el acceso de forma inmediata, rápida, sin necesidad de ESPERAR a aplicaciones que producen GRATIFICACIÓN INMEDIATA. Y muy fácilmente entramos en el bucle de “querer más” y no saber/poder desconectar.

Estas aplicaciones se han mostrado capaces de generar comportamientos de abuso siendo potencialmente adictivas con todo lo que las adicciones, en este caso llamadas comportamentales llevan asociado. La pérdida de control en el uso, el abandono de otros intereses o actividades y la aparición de problemas en los diferentes contextos de desarrollo de las y los adolescentes son señales de alarma.

Los posibles efectos negativos de las “nuevas tecnologías” no son directos, sino que dependen de factores que podemos llamar mediadores, tanto individuales como familiares y sociales, que pueden actuar como protectores o, en el otro extremo, potenciadores.

Adolescentes y RRSS

Ahí están las y los adolescentes con sus capacidades y vulnerabilidades, su necesidad de reconocimiento y pertenencia (más allá de la familia), su impulsividad, su curiosidad y necesidad de gratificación en una etapa que conlleva estrés y expuestos al potencial adictivo de las RRSS.

Ellas y ellos las utilizan para “conectar y socializar”, lo que ya hemos mencionado es una necesidad básica. Y también como evasión y entretenimiento.  Si me aburro, si estoy insatisfecha, desconcerta, abrumada, insegura, si me siento sola…..lo cual es muy humano y muy propio de la crisis adolescente, desconecto de mis emociones y busco alivio rápido, inmediato conectándome a la RED….…y el tiempo vuela. Si recibo reconocimiento, si me validan, si tengo seguidores …mi autoestima mejora un poco al menos temporalmente, y quiero más……Y ahí se enganchan.

¿Qué nos dicen los datos? Solo 1/3 de los adolescentes harían un uso adecuado; 1/3 mostrarían señales de riesgo. Y un 1/3 están entre el uso abusivo o la DEPENDENCIA COMPORTAMENTAL

Los problemas asociados a dicho uso problemático van a depender de la vulnerabilidad individual, de la carencia de HH o recursos de apoyo y del tiempo de uso. Se describen todo tipo de dificultades de intensidad variable: Insomnio, deterioro de la atención, disminución del rendimiento académico, irritabilidad. Desánimo, ansiedad, TCA, autolesiones.  Así como hay que señalar los riesgos evidentes asociados como la exposición a violencia, al contacto con desconocidos, el ciberacoso, el juego online, la pornografía, etc

¿Qué podemos hacer las familias para prevenir?

  • CONECTAR en familia, desconectar de la red.
    – Estar presentes, disponibles, interesarnos (sin interrogar) por aquellos temas que les puedan interesar según su edad.
    – Mirarlos, hacer contacto cara a cara. Escucharles.
    – Comer en familia, sin pantallas de ningún tipo
    – Compartir actividades, salidas a la naturaleza (aunque a partir de cierta edad digan que no, aunque sean salidas breves…..No cansarse de proponer…)
  • PONER LIMITES AL USO, TANTO DE TIEMPO COMO DE ESPACIOS Y CONTENIDOS
    – Ponerse de acuerdo madre y padre
    – Dejar las pantallas (TODAS) fuera de las habitaciones
    – Desconectar a una hora pactada
    – Uso en espacios compartidos fuera de las comidas
    – Cuanto más pequeños son, más fácil de gestionar.  Un niño acostumbrado a jugar y entretenerse sin pantallas no las va a pedir.
  • Si ya hay un problema de adicción
    – Podemos hacer mucho, no tirar la toalla
    – Tomar conciencia de la magnitud del problema, cuanto antes mejor, Observar, informarnos, leer
    – Es fundamental DAR EJEMPLO: Tomar conciencia del uso que madres, padres y educadores hacemos de las tecnologías. Las y los hijos toman nota de lo que ven, de lo que hacemos… no tanto de lo que decimos. Somos modelo y el espejo donde se miran.
    – Volver a repasar los puntos anteriores y pedir ayuda profesional si es necesario. 

 

Para finalizar recomendar la web de la FUNDACIÓN ANAR (www.anar.org) y la asociación Protégeles (www.protegeles.com) donde se pueden encontrar materiales, además de la formación en Ecología de la Infancia. que ofrece una visión ecosistémica del desarrollo infantil.