Sabemos que el embarazo es una etapa de especial transformación psicológica que en algunos casos puede despertar dificultades inesperadas a nivel emocional. También sabemos que el estrés, la ansiedad y la depresión en el embarazo tienen efectos sobre el desarrollo del bebé, aumentan el riesgo de  parto prematuro y favorecen los problemas de salud mental en el posparto.   Habitualmente se presta poca atención a este aspecto del cuidado perinatal, pero ¿qué ocurre cuando además el embarazo es de alto riesgo y a todo esto se añade el miedo y la preocupación por el bebé?   La misma pregunta cabría hacer cuando un embarazo normal es percibido como de riesgo debido a la medicalización innecesaria del embarazo.
 


 
Alrededor del 15 por ciento de los embarazos en todo el mundo son de alto riesgo. En estos casos, el parto prematuro, el bajo peso al nacer y otros resultados adversos aumentan su incidencia. En los Estados Unidos, el 10 por ciento de las mujeres embarazadas requieren hospitalización por hiperemesis gravídica, preeclampsia, infecciones renales, diabetes gestacional o tienen amenaza de parto prematuro.
Un estudio publicado en la revista Psychology of Women Quarterly ha puesto de manifiesto que si bien es importante mantener al mínimo la ansiedad y el estrés durante el embarazo, en el caso los embarazos de alto riesgo resulta crítico, ya que puede aumentar el riesgo de parto prematuro.
Los investigadores entrevistaron a 16 mujeres hospitalizadas por embarazos de alto riesgo y descubrieron que tratar de controlar sus emociones por sí mismas agregaba una pesada carga adicional a una experiencia ya estresante. Las entrevistas en profundidad estaban diseñadas para obtener datos interpersonales significativos. Una muestra de 16 es típica del método de investigación fenomenológica que utilizaron.
Las participantes en el estudio eran mujeres heterosexuales de 21 a 42 años de diversos grupos raciales y étnicos. Los investigadores analizaron de que forma trataron de gestionar sus emociones, qué herramientas utilizaron y cómo interpretaron los consejos de los profesionales sanitarios y los familiares.
“Identificamos una dinámica común a todas las mujeres con las que hablamos: intentaban forzarse a sí mismas a ‘pensar positivamente’ utilizando trucos mentales”, dijo Judith McCoyd, autora principal y profesora asociada en la escuela de trabajo social. “Más sorprendentemente, las mujeres nos informaron que no recibieron consejos explícitos sobre cómo hacer frente emocionalmente a la situación, pensar en positivo o calmarse”.
Los investigadores sugieren que la intervención profesional con visualización, atención plena, trabajo cognitivo-conductual y / o terapia de aceptación y compromiso, -un tipo de psicoterapia que lo ayuda a aceptar las dificultades- pueden ser intervenciones útiles para tratar con este grupo de población en situación vulnerable.
Además de la ansiedad o los síntomas depresivos, las mujeres experimentaron situaciones de dilema, cuando se encontraban en la necesidad de elegir entre dos opciones y sentir que ninguna era buena.  Por ejemplo:  obligarse a pensar positivamente para mejorar la salud fetal a pesar de su ansiedad, tristeza y su temor a dañar al feto; sentirse responsable de las tareas del hogar aunque la indicación médica era que no las hiciera; o la necesidad de tratamientos médicos potencialmente dañinos para el feto.
Las mujeres también evitaron expresar a los profesionales sanitarios cómo se sentían, para representar el papel  buena “madre” y “buena paciente”. Para tratar de manejar sus emociones, las mujeres gastaron una energía tremenda, quedando agotadas y con menos capacidad para hacer frente a la situación.
Los investigadores afirmaron que las mujeres que consideran quedar embarazadas deberían pensar en el apoyo emocional que podrían recibir si tienen un embarazo de alto riesgo, explorar las posibilidades de atención psicológica constante si requieren hospitalización, dijo McCoyd.

Nota sobre la conclusión de la investigación:  la atención psicológica no es algo que las mujeres con embarazos complicados puedan proporcionarse a sí mismas, sino que idealmente debería ser tenido en cuenta como un aspecto más de una asistencia sanitaria más integral y centrada en la prevención.

Referencia:

  1. Judith L. M. McCoyd, Laura Curran, Shari Munch. They Say, “If You Don’t Relax…You’re Going to Make Something Bad Happen”: Women’s Emotion Management During Medically High-Risk PregnancyPsychology of Women Quarterly, 2019; 036168431988319 DOI: 10.1177/0361684319883199