Por Ana González Uriarte, psiquiatra infantojuvenil

Extracto de la clase dedicada la Prevención de los Abusos Sexuales en la Infancia del curso  Ecología de la Infancia.

1 de cada 5 niñas y niños sufren abuso sexual infantil (ASI) antes de los 18 años. Los datos dicen que:

  • es más frecuente en niñas (1 de cada 4) que niños (1 de cada 7)
  • el 85-90 % de los agresores son varones y
  • el 85% de los agresores pertenecen al ámbito familiar o de confianza de los menores

Los datos son los que son. Se pueden ver en diversos estudios, por ejemplo “¿Uno de cada cinco?: victimización sexual infantil en España” de Noemí Pereda (2016). Entidades que trabajan con Infancia así lo reflejan y el propio Consejo de Europea lanzó una campaña con el lema “Uno de cada cinco”.

Yo creo que la palabra “abuso” se queda corta, muy corta. Y que al usarla incluso se suaviza, se trivializa. ¿Qué te viene a la mente cuando lees o escuchas “abuso”?

Te animo a preguntar a quién lo haya sufrido. Lee testimonios. Mira películas y documentales sobre el tema como

  • No tengas miedo
  • The Tale
  • Precious
  • Celebración
  • Infancia Rota
  • Examen de conciencia
  • Gimnasta A…..

que reflejan bien diferentes situaciones, así como el impacto de los ASI y sus secuelas. Ocurra como ocurra, sea como sea, siempre hay violencia. El agresor ejerce violencia, violenta la voluntad de las niñas y los niños, violenta la confianza, vulnera la idea que tienen acerca de si mismas, de la relación con los demás y con el mundo instalándose el miedo, la vergüenza, la culpa, la rabia, la desconfianza…

A estos sentimientos derivados del impacto y la vulneración se pueden añadir otras consecuencias psicológicas a corto, medio o largo plazo que van a depender de la interacción de varios factores mediadores del impacto del trauma. Estos factores son: el tipo de abuso sufrido, su gravedad, intensidad y cronicidad; quien haya sido el agresor; de la reacción la familia y el entorno ante el ASI o la revelación; y características personales de la víctima. La vivencia es singular e individual de cada persona, se requiere una mirada no prejuzgadora.

Pero sea cual sea la intensidad o gravedad es una agresión y una vulneración de Derechos.

ALGUNAS IDEAS PARA LA PREVENCIÓN


1. Cuidar la etapa perinatal y promover vínculos afectivos de apego saludables

Cuidar desde la gestación a las madres, bebés y familias.   Cuidar y promover la construcción de unos vínculos afectivos de apego lo suficientemente seguros y saludables. Cuidados maternos desde el nacimiento suficientemente sensibles y amorosos, con presencia y atendiendo a las necesidades emocionales de niñas y niños pequeños garantizan una base para el desarrollo socioemocional lo más segura posible, que va a dotar a niñas y niños de la confianza en ellas mismas, y en su madre (y padre o figura cuidadora) y a reconocer las relaciones bientratantes, lo que les protege de las maltratantes y abusivas.

A menudo las madres solas no pueden, necesitan de una red de cuidados solidaria tanto familiar como social y en algunos casos profesional. Sabemos que a mayor estrés mayor dificultad. Familias y profesionales no hemos de usurpar el lugar de las madres en el vínculo con sus criaturas sino apoyar a la diada madre-bebé y a la familia nuclear para que puedan construir unos vínculos de apego saludables y protectores.


2. Educar en la confianza

Mostrarnos como madres (y padres) sensibles, escuchando con atención plena a nuestras hijas e hijos, ayudándoles a manejar sus emociones. Colaborando y apoyando en la resolución de las dificultades que van encontrando en su camino nos convertimos en personas de CONFIANZA a las que van a recurrir si lo necesitan. En prevención de ASI se suele trabajar en torno a la idea de “Secretos buenos y secretos malos” (estos últimos son los que hacen sufrir) para dotarles de herramientas que les permitan distinguirlos y compartirlos si aparecen, ya que forma parte de la dinámica de los ASI el uso del “secreto” por parte del abusador.

3. Educar el saber decir NO. Y el respeto al No por parte de los adultos.

Es cuestión de Derechos Humanos revisar esa visión adultocéntrica y adultocrática que nos rodea. Trabajando en el ámbito de infancia nos encontramos con familias maravillosas que aun adoptando modelos educativos entrañables y amorosos no terminan de ver a sus hijas o hijos como individuos/sujetos de pleno derecho y asumen y transmiten los principios de la “obediencia ciega al adulto” como valor máximo. Ejemplos: “los adultos siempre tienen la razón, hay que obedecer; dale un beso al tío, no seas maleducada, hazle caso … tu eres pequeña y no sabes … si el profe te ha reñido algo malo habrás hecho…..”  y sin pretenderlo dejan a sus hijas/os en un estado de vulnerabilidad. El mandato de “obedecer a los adultos” puede ser que choque con lo que niñas y niños sienten con algunos adultos, pero en estos casos no tiene la opción de desafiar ese mandato (en los documentales Examen de conciencia y Gimnasta A lo refleja muy bien). Su brújula interna ha sido desconfirmada y obedecen ciegamente.  Niñas y niños tienen derecho a cuestionar a los adultos y a decir NO a ciertas cosas.

La capacidad para decir no y defender el propio espacio comienza bien temprano en la vida, tan pronto como los 2-3 años, edad en la que las criaturas aún no están maduras para compartir sus juguetes y pertenencias, pero aún así el mundo adulto a menudo les  obliga a hacerlo, transmitiendo el mensaje subliminal de que si no ceden van a ser excluidos del grupo.  Ser capaz de compartir los propios juguetes no se “aprende” antes de tiempo, sino que es fruto de la madurez. A partir de cierta edad podemos explicar los beneficios del intercambio, pero nunca debería forzarse antes de tiempo, instalando la idea en la criatura de que para ser amado hay que decir que sí aunque uno, en el fondo, no quiera. Al mismo tiempo ellos aprenden a ir respetando el espacio de los demás y que no pueden obligar a nadie a hacer lo que no quiere hacer.

Por último, no olvidar que las criaturas de forma inconsciente imitan los modelos de conducta que le rodean. Por ello, es importante volver la mirada hacia nosotros mismos, ser conscientes de si como adulto/as sabemos poner límites a lo que no queremos o nos hace daño, si sabemos decir NO de forma asertiva y segura, aunque eso defraude expectativas ajenas, o si por el contrario estamos ejerciendo o tolerando situaciones de abuso de poder, manipulación o sumisión, que constituyan un modelo a seguir para las niñas y niños.

4. Educación afectivo-sexual.

Aceptar que la curiosidad en la infancia forma parte del desarrollo. Una saludable educación afectivo-sexual acompaña esa curiosidad natural e instintiva y educa en el respeto al propio cuerpo y al de los demás, ayudando a poner límites.  Sin una adecuada educación sexual en casa y en la escuela, internet y el fácil acceso a la pornografía se convierten en la principal fuente de información y formación sexual.  (recomiendo los materiales de José Luis García “Tus hijos ven porno ¿Qué vas a hacer?).

5. Actuación ante la revelación para prevenir secuelas

Si no hemos podido prevenir ni evitar el ASI y ya ha ocurrido: nuestra actitud ante la revelación va a ser clave a la hora de prevenir posibles consecuencias `psicológicas y secuelas.     Así que estemos en el lugar que estemos, seamos familia, profesional de Educación o Sanidad, Servicios Sociales, etc

  • Siempre CREERLE. Mostrar apoyo, tranquilizarnos para poder escuchar y contener emocionalmente. Transmitir que ha sido muy valiente al contarlo y que nada de lo que cuenta ha sido culpa suya que solo la persona abusadora es responsable de lo que ha pasado. Agradecer la confianza que ha mostrado al compartirlo.
    La reacción de la familia y su apoyo incondicional es uno de los factores protectores más potentes que va a contribuir a prevenir las posibles consecuencias o secuelas del ASI.
    El vínculo de apego es mediador del impacto de los eventos traumáticos. Puede actuar como amortiguador-protector en el caso de una relación de apego segura que ha propiciado una seguridad ya interiorizada en niña/o así como una relación de confianza y la expectativa de una respuesta protectora por parte de la familia. O, en el peor de los casos, si no hay un vínculo de apego lo suficientemente seguro y la reacción de la familia es de no creerles, reaccionando con enfado, rechazo, ignorando o culpabilizando va a actuar como amplificador del daño y es el mayor predictor de consecuencias negativas y secuelas psicológicas a corto, medio y largo plazo.
    Leer testimonios de víctimas es muy clarificador al respecto. Una mujer víctima de ASI decía: “lo peor de todo fue la reacción de mis padres, no me creyeron, o les daba igual…no sé qué es peor, me seguían enviando cada verano a su casa aunque yo les suplicaba que no lo hicieran….”  (en las películas No tengas miedo y Precious se reflejan estos aspectos).
  • Mantener la calma ante la revelación. Lo cual no está reñido con mostrar dolor e indignación. De lo que hablamos es de evitar hiperreaccionar. El daño lo ha sufrido la niña/o, no nosotras. Necesita nuestra comprensión y empatía, pero no le hace bien nuestro descontrol. Hace un tiempo una adolescente de 16 años que sufrió ASI entre los 6-8 años contaba que cuando reveló a su madre lo que había pasado, su madre estuvo 1 semana llorando sin parar. Decía: “no era eso lo que yo necesitaba de mi madre, estuvo muy bien que no me lo cuestionara, que me creyera…pero ella no se daba cuenta de que yo llevaba 10 años con eso encima…y parecía que era a ella a quien se lo habían hecho”. La madre por su lado decía que “no podía evitarlo, que además del sentimiento de culpa y el sufrimiento por el dolor de su hija…se le había removido los ASI que ella también había sufrido en su infancia”. Esta madre revivió su propio dolor y no se podía perdonar no haber sabido o podido proteger a su hija.
  • Atender a la familia. Si somos profesionales de Salud hemos de tener en cuenta el atender y acompañar a la familia. Los sentimientos de vergüenza y culpa, de cólera y pena, de miedo y ansiedad, pueden afectar a los padres de tal manera que se muestran incapaces de proteger a la niña/o adecuadamente y, en los casos más graves, pueden llegar incluso a culparlo de lo sucedido. O, como en el caso anterior, se puede reactivar su propio trauma en caso de haber sido a su vez víctima de ASI.
  • Aceptar los sentimientos del niño/a o adolescente. Sean cuales sean, y tengan la intensidad que tengan. Y esto incluye también aceptar la ausencia de resonancia afectiva. La disociación y aparente frialdad emocional es una respuesta defensiva característica en el abuso sexual. Asegurarle que no es culpable, validar su conducta y sus emociones tanto la que ha tenido durante el abuso ya que todas las reacciones emocionales han sido válidas para sobrevivir, como su expresión al revelarlo.
  • Cuidar la distancia y proximidad. Preguntar si cree que le puede venir bien un abrazo o contacto físico y respetar. Se puede ofrecer, pero sin forzarlo. Que nos sientan incondicionales. Ha de vernos disponibles, pero el control, que es lo que se pierde en el abuso lo ha de tener la niña/o. No dar por sentado que no va a querer el contacto. Puede necesitar espacio para mantener el control o, por el contario puede necesitarlo, al menos mostrarnos disponibles. Los sentimientos de culpa, vergüenza, asco de si mima/o pueden estar muy presentes y nuestra disponibilidad emocional puede ayudar a contrarrestarlos.
  • Proteger y actuar. Cada situación es diferente. Lo primero es proteger, si la violencia es actual y hay riesgo de que se siga produciendo hay que actuar de forma urgente. En cada ámbito y país o comunidad hay protocolos que guían dicha actuación. Activar los Servicios de protección al Menor, Policía, Justicia y/o Sistema sanitario. Si no hay riesgo actual se puede valorar con calma los recursos con los que contamos para intervenir.
  • Actuar con transparencia y sinceridad. No engañar nunca, no prometer lo que no esté en nuestra mano. Tener en mente que la situación abusiva suele conllevar engaño, manipulación, promesas, secreto……y con nuestra actuación podemos proteger pero también dañar y revictimizar. Transmitir que vamos a cuidar a quién y cómo hablamos de lo que nos ha contado pero que para ayudarle tenemos que notificar lo sucedido. Nosotras solas no podemos hacer nada. Y hacerle saber que solo sabrán lo sucedido las personas que sea estrictamente necesario.

6. Visibilizar con campañas. Es una realidad que causa mucho sufrimiento. Es primordial que caiga el velo de la negación generalizada. Sabemos que el ASI se nutre de esa negación y crece en el secreto.

Hablar de ello y hacer campañas de prevención (en diferentes formatos y ámbitos) contribuiría a que niños y niñas `pudieran protegerse y empoderarse para detectar pronto las situaciones potencialmente abusadoras, decir no y saber comunicarlo a un adulto de confianza para que no se cronifique. La Fundación Vicki Bernadet y Fundación ANAR son referentes en campañas, datos y materiales.

7. Promover cambios legislativos que protejan a la infancia. En España ha entrado en vigor en junio de 21 la Nueva Ley de Protección a la Infancia. Veremos que nos trae (https://www.boe.es/eli/es/lo/2021/06/04/8).

No quiero terminar sin ensalzar la labor de la Fundación Vicki Bernadet  en la visibilización, prevención de ASI y en el tratamiento de las víctimas. En el documental INFANCIA ROTA, aunque ya tiene unos años, muestran su labor y cómo muchas víctimas se consiguen transformar en supervivientes y activistas en favor del buen trato y protección a  la infancia y adolescencia.

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