Por Ann Kellams, pediatra

 

Quería tomarme un minuto para hablar sobre una de las lecciones más importantes que he aprendido a lo largo de mi historia como pediatra apoyando la lactancia materna.

Era el año 2006. Mi esposo, yo y nuestros tres hijos de 3, 5 y 7 años, y mi hermana fuimos a un delfinario recién construido en el Acuario de Baltimore, con cientos de otras familias. Antes de comenzar, una de las monitoras nos dió la bienvenida a todos con entusiasmo. “Estamos muy emocionados de teneros hoy aquí”, dijo, “y queremos que disfruteis del espectáculo, PERO tenemos una petición MUY especial: os pedimos que, incluso si estáis muy emocionados por lo que veis, por favor permaneced completamente callados”. Luego señaló una piscina justo detrás de ella con una madre delfín nadando y saliendo periódicamente de la superficie, y junto a ella aparecía la pequeña aleta de su bebé de 4 días. “Os pedimos que nos ayudeis a mantener un ambiente muy tranquilo para permitir que la madre y el bebé se vinculen y establezcan una buena lactancia”.

Después de haber estado en la práctica pediátrica privada durante casi 9 años, acababa de aceptar un puesto en la facultad de la Universidad de Virginia para convertirme en Directora Médica del Servicio de Recién Nacidos. ¡Mi trabajo soñado! Cuidar a los recién nacidos, guiar a los nuevos padres y apoyar la lactancia materna siempre me aportó una gran alegría, entre el asma, los resfriados, el trastorno por déficit de atención y los controles del niño sano. Siempre quise ser una “médica de bebés” y tenía la mira puesta en la neonatología, hasta que en la escuela de medicina a principios de la década de 1990, cuando enfrentábamos una escasez como nación, opté por la atención primaria. En la universidad, me ofrecí como voluntaria en una guardería para recién nacidos 3 horas a la semana, cuando los voluntarios podían alimentar, acurrucar, bañar y llevar a los bebés a sus padres. Los bebés eran lo mío. No podría haber estado más emocionada con esta oportunidad y pasé cada minuto disponible planificando y preparándome para este nuevo rol..

Asistí a cursos, revisé las recomendaciones y protocolos de práctica clínica más actuales, y pasé horas leyendo y compilando artículos sobre todo lo relacionado con los recién nacidos. Ictericia, hipoglucemia, sepsis, recién nacidos prematuros tardíos, malformaciones congénitas, guía anticipatoria, síndrome de muerte súbita del lactante, etc. Hice carpetas y recopilé imágenes que usaría para enseñar a los residentes y estudiantes sobre lo último en cuidado de recién nacidos. Disfruté de la emoción, después de años de práctica general, de sumergirme en un tema que me importaba profundamente. Entrar en la enseñanza desde la práctica privada fue abrumador, pero un desafío que acepté con entusiasmo. Estaba lista y no podía esperar para empezar a trabajar. Es con esta mentalidad que me senté en el recinto de los delfines, todos en completo silencio, observando a estos gráciles mamíferos realizar todo tipo de increíbles movimientos y saltos sincronizados, .

Algo transformador sucedió dentro de mí; tenía la piel de gallina en todo el cuerpo. A pesar de lo sensacional que fué la actuación, me asombró aún más que todo el numeroso auditorio permaneciera en silencio. Todos “lo entendieron”, y el estadio estaba repleto de espectadores de todas las edades. Incluso mi hijo de 3 años me miró orgulloso y sonrió mientras me mostraba su técnica de aplauso silencioso. “Permitir que la madre y el bebé se vinculen y establezcan un buen patrón de lactancia” seguía repitiendo en mi cabeza. De repente se me ocurrió que si todo un auditorio lleno de gente emocionada podía estar en silencio para que un delfín de 4 días y su madre pudieran conocerse y empezar a amamantar, entonces, ¿qué demonios le estamos haciendo a las madres? y bebés en el hospital actual? Las preguntas volaron por mi cabeza: ¿Estamos interrumpiendo su vínculo y el establecimiento de la lactancia al colocar a los bebés bajo calentadores y bañarlos poco después del nacimiento? ¿O sugerir que las familias envíen a sus bebés a otra habitación al final del pasillo para que puedan descansar? ¿O mantener a los bebés envueltos en pañales en lugar de piel con piel con sus madres? En nombre de la ciencia, la seguridad y la prevención, ¿estamos provocando otras consecuencias no deseadas? Si podemos hacer esto para los delfines 4 DÍAS ENTEROS después del nacimiento, entonces ¿por qué no podemos hacerlo y por qué no hacemos esto para los humanos en los 1 o 2 días que permanecen en el hospital?

Hoy en día, los acuarios de todo el mundo están eliminando sus “espectáculos” con animales en favor de entornos y hábitats más “amigables con los delfines”. De manera similar, los hospitales de todo el mundo están implementando los Diez Pasos para una Lactancia Materna Exitosa de la Organización Mundial de la Salud como parte de la Iniciativa de Hospitales Amigos del Bebé. Resulta que los Diez Pasos son un recordatorio para todos nosotros de a veces no hay que hacer, sino simplemente estar.  El contacto piel a piel inmediato e ininterrumpido después del nacimiento, mantener juntos a las madres y los bebés, alimentarse en el momento justo y evitar las tetinas y la leche artificial siempre que sea posible … se trata de madre y bebé puedan por ellos mismos  “vincularse y establecer patrones de alimentación”. Esta fue una lección que aprendí por primera vez no a través de mi formación médica tradicional, sino en un espectáculo de delfines.

 
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