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Invertir en la lactancia materna puede compensar la huella de carbono

Un reciente artículo señala que hacer más visible el impacto ambiental de la lactancia artificial e invertir en la promoción y la protección de la lactancia materna ayudaría a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

 

La industria alimentaria genera aproximadamente el 30% de las emisiones de gases de efecto invernadero. La fabricación de productos comerciales de leche artificial tiene en ese porcentaje un gran peso: en 2018 se vendieron a nivel mundial más de 2 millones de toneladas de preparados para bebés y niños, generando entre 14-28 millones de toneladas emisiones de gases de efecto invernadero, y utilizando alrededor de 10 millones de metros cúbicos de agua. ¿Qué papel tiene aquí la lactancia materna?

Las autoridades sanitarias a nivel internacional recomiendan la lactancia materna exclusiva de los bebés durante los 6 primeros meses de vida, pero menos de la mitad de los bebés son amamantados ese tiempo exclusivamente. Según un reciente artículo publicado en Frontiers in Sustainable Food Systems, posibilitar que las mujeres amamanten reduciría las ventas de leche artificial y contribuiría a mitigar el cambio climático. Además, señalan que las poblaciones con altas tasas de lactancia materna entre lactantes y niños pequeños se adaptan mejor a los principales riesgos de seguridad alimentaria del cambio climático y son más resilientes en el caso de emergencias y desastres.

En el artículo proponen la herramienta Green Feeding Tool, desarrollada por la Australia National University y Alive & Thrive con soporte de FHI Solutions Innovation Incubator, que calcula la huella de carbono y la huella de agua como consecuencia de la fabricación de leche de fórmula para bebés de 0 a 6 meses. Esta herramienta podría ser útil para las personas encargadas de formular políticas de salud y medio ambiente, investigadores, profesionales sanitarios e, incluso, para las díadas madre-bebé.

En las conclusiones del artículo, sus autores proponen la utilidad de incluir políticas y programas nacionales de lactancia materna, probados como proyectos adecuados para compensar la huella de carbono en los programas de las Naciones Unidas. Al hacerlo, dicen, se responde a la petición de la comisión de The Lancet para abordar las pandemias combinadas actuales de desnutrición, sobrenutrición y cambio climático.

La lactancia materna está infravalorada económicamente pese a que tiene un importante impacto en la reducción del gasto en salud materna e infantil, y aquí hemos demostrado que el cambio transformador en el entorno para la lactancia tampoco se reconoce como una respuesta política al cambio climático. La promoción de la lactancia materna es un mecanismo importante para reducir las emisiones de gases invernadero y mitigar el cambio climático. Existe fuerte evidencia de la efectividad de las intervenciones para promover la lactancia materna en este sentido. Las intervenciones para proteger, apoyar o promover la lactancia materna y la disminución de la alimentación con leche artificial evitarían un gran porcentaje de las emisiones de gases de efecto invernadero de la industria alimentaria, pero estas medidas actualmente no están incluidas como proyectos contra el cambio climático. (…) La leche materna y las herramientas de alimentación verde son piezas esenciales para reconocer el papel clave y la productividad de las mujeres en un sistema alimentario sostenible y saludable, demostrando la importancia de la lactancia materna para la salud humana y planetaria, y combinando de manera coherente los objetivos ambientales y de nutrición”.

Recordamos aquí que el el documento Objetivos de Desarrollo Sostenible y lactancia, conseguirlos a través de la lactancia y la IHAN, señala que la lactancia materna salvaguarda la salud y nutrición infantil a la vez que protege frente al cambio climático que se produce debido al calentamiento global. «La producción y el uso de fórmulas infantiles generan emisiones de gases de efecto invernadero que aceleran este calentamiento y además, producen contaminación y emisiones tóxicas debido a sus residuos. Aunque todavía no se ha cuantificado en términos monetarios, hay muchos costos ambientales asociados con el no amamantamiento (21). Datos como las 720.450 toneladas de fórmulas infantiles que se venden cada año en tan solo 6 países asiáticos, generan cerca de 2.9 millones de toneladas de gases de efecto invernadero. Esto es equivalente a 7.000 millones de millas recorridas por un vehículo promedio de pasajeros o a 1.03 millones de toneladas de residuos enviados a los vertederos. Amamantar significa menos gases de efecto invernadero, menos degradación ambiental y menos contaminación. La lactancia materna ayuda a la transición de una economía basada en combustibles fósiles a una economía baja en carbono. No se necesita electricidad para producir la leche materna y no se requiere de combustible para transportarla, reduciendo así las emisiones de dióxido de carbono, el principal gas de efecto invernadero».

 

* Puedes leer el artículo completo publicado en Frontiers in Sustainable Food Systems en este enlace.

 

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