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19 de marzo de 2026 | día del padre

día del padre

Por Javier de Domingo

Hoy celebramos el día del padre y me pregunto, ¿qué es lo que hay que celebrar? ¿La figura en sí? ¿Por qué? ¿Por tradición? ¿Toca? ¿Tiene sentido revisarlo?

Llevo los últimos 13 años centrando mi actividad profesional, tanto en la consulta como docente en el acompañamiento a la figura del padre y al de sus familias. Mucho ha llovido. Las cosas han cambiado, siguen cambiando y deberán cambiar más aún para licenciarnos en la carrera de la paternidad.

Hace un año, por el día del padre, ofrecimos desde el Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal (IESMP) un webinar para hablar de paternidad. No es sencillo que los hombres se apunten a estas cosas. Nada sencillo. Suelen ser más ellas las que se vienen apuntando y eso no nos retrata demasiado bien la verdad.

Con ánimo de revertir la limitada participación masculina en temas de crianza publicamos un post de carácter constructivo que imaginaba una posible entrevista en 2045. En ella, unos ancianos activistas de la paternidad iban a ser preguntados por sus comienzos en el trabajo con los hombres 20 años atrás. Al inicio de la ficticia entrevista recibieron unos comentarios del público que mostraban interés por lo atrasados en la visión de la época que en realidad era nuestro presente de hoy, de hace un año.

¿Qué preguntas y comentarios nos haríamos en 20 años sobre cómo hacemos las cosas hoy?

Si soñamos grande y fantaseamos sobre cómo podría ser una paternidad evolucionada sería imprescindible cuestionarnos en lo que hacemos, en lo que sentimos y en lo que pensamos. De ahí veríamos en qué nos agitamos, de quién nos defendemos y cómo nos brotamos.

El artículo se llamaba “Por el Día del Padre. En el futuro. Domingo 19 de marzo de 2045. Entrevista a Máximo Peña y Javier de Domingo”.

Es curioso porque dos semanas antes abrí un grupo de padres. La propuesta fue reunirnos de manera virtual una quincena de hombres cada dos semanas, de marzo a julio. En el grupo predominaba el perfil de hombres con dificultades para hablar con otros hombres, al menos de las cosas importantes de la vida. Pero lo hicieron. Vaya si lo hicieron.

Hubo revelaciones duras, muy duras, tan insospechadas y de guion cinematográfico que vertebró el grupo en una camaradería poco común. Los hombres rocosos, herméticos, los de “yo no soy de abrirme”, menos aún de compartirse y con todo, esos hombres acabaron conectando.
Para sorpresa de todos se generaba un ambiente de probatura de la empatía, de la ternura, de la escucha activa, de las ganas del abrazo a un tipo ayer desconocido y lejano en kilómetros, pero de repente, vecino en experiencias de trauma y dolor.

En verano organizamos una reunión presencial, con parejas, niñas, niños, entre paellas y pinos. Fue tan precioso ver a estos padres superar la ambivalencia casi infantil de oscilar entre el miedito a no encajar y el apetito por el encuentro. Fue esperanza. También belleza al observar los abrazos, las miradas escrutadoras, las sonrisas cómplices con las parejas al referenciar a un compañero del que se contó algo.

Sucedió también que se invitaron a otros hombres y sus familias, que tenían interés en entrar en el grupo y querían verificar cómo era aquello. Nos vimos, jugamos, nos compartimos, nos ayudamos, nos escuchamos, nos disfrutamos y así convivimos como si nos conociésemos mejor del tiempo realmente compartido. Sí, disfrutamos.

De allí el propio grupo pidió seguir en septiembre, pero éramos demasiados. Se abrieron dos grupos, pero los horarios de vernos no son sencillos y aunque era quincenal las reuniones se solapaban con los baños, las cenas, los cuentos, los susurros que acarician el sueño de las criaturas o la necesidad de espacio propio o de pareja. Se facilitó el formato de tal modo que se podía entrar mientras se paternaba, se trabajaba o se caminaba de vuelta a casa. Y poco a poco fue entrando gente y así hasta casi 50 hoy.

Somos muchos en el grupo de chat. La mayoría no hablan. La mayoría no asoma a las sesiones virtuales. Están, solo están. Y yo quiero darles las gracias. De corazón. Porque están. Ya es más de lo que hicieron sus mayores. Ya es más de lo que hacen sus contemporáneos. Ya es más de lo que hace la mayoría. Estáis y os lo agradezco. No sabéis cuánto. Hace que tenga sentido nuestra actividad, la de los que estamos dejándonos la piel en seguir el ritmo de las que llevan lustros dejándose la piel.

Gracias, compañeros.

Se ha perdido la intimidad del grupo inicial y lo siento de corazón porque abrieron el melón, pero hay tantos y tantos hombres por abrir ese y otros melones que circunscribirlo a un grupo reducido resulta difícil. Ahora nos reunimos cada semana, una en miércoles y la siguiente en jueves. Solemos vernos entre 6 y 8 personas cada sesión, quién puede, quién se atreve, quién asoma, con cámara o sin cámara, a modo de podcast mientras conduce de vuelta a casa o lo que se tercie. Se habla, se escucha, se interviene, los peques saludan y normalizamos el trabajo de ser padre pues se hace todo eso mientras se hace la cena o se friega… y es que da gusto ver algo así.

Unos padres son más asiduos y vienen a cada sesión y comparten cosas como que no recibieron abrazos o “te quiero” hasta que tuvieron pareja. Otros que les duele el alma al encontrar a su familia de origen antagonizando con la pareja o el estilo de crianza que han elegido. Pero todos de algún modo, hablando o en silencio muestran heridas de abandono, de rechazo, de humillación o de incomprensión. No puedo dejar de agradecer especialmente a aquellos que se muestran y ayudan a otros a mostrarse.

No es terapia, no son clases de crianza, no es un espacio de modernos o guays. Es lo que rezaba la entrevista ficticia del año anterior, un espacio de encuentro de hombres que resulta que son padres y les une eso, las aventuras y desventuras del ejercicio paternal, con su buena y su mala praxis con los bebés, la infancia, la adolescencia, la pareja, las familias de origen y todo lo que afecte a quienes nos dieron el cargo de padres.

Y así este grupo de 50 padres nos llamamos “2045… y fueron padres…” y queremos que dentro de 20 años nuestros hijos e hijas sientan orgullo del trabajo que cada padre intenta hacer cada día. Feliz día del padre, a quienes ejerzan de padres y también a los que aun les cuesta. Si eres de los que no lo hace o lo hace de aquella manera… acuérdate de cuando fuiste hijo y de lo que habrías deseado y con todo acuérdate de tu propio padre en lo que pudo, supo o sí hizo. Hagamos así del día del padre un día de revisión y mejora.

Gracias a todos los padres que estáis ayudando a cambiar la mirada que se tiene de nuestra figura. El cambio es real, se nota, queda tarea, pero gracias a vuestros esfuerzos estamos cambiando el modelo en algo mucho más esperanzador.

Sigamos.

PD: el día del padre tuvo su origen en una mujer, Sonora Smart Dodd. Ella fue la impulsora del Día del Padre en Estados Unidos en 1910, buscando honrar a su padre, William Smart, un veterano de la Guerra Civil que crió solo a sus seis hijos. Inspirada en 1909 durante un sermón del Día de la Madre, propuso la celebración en Spokane, Washington. La festividad se popularizó hasta ser oficial el tercer domingo de junio y que en España se traslado al 19 de marzo, día de San José. En éste enlace contamos la historia.

Hoy Javier de Domingo fue entrevistado en la radio de COPE, escucha aquí su participación en el programa radial.

En el día del Padre , os invitamos a integrar, visualizar y repensar la paternidad desde el modelo ecosistémico perinatal, en un espacio reflexivo útil y práctico para profesionales que acompañan a padres y madres en etapa perinatal.

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Promoción válida desde el 19 de marzo al 19 de abril 2026.