Por Yanira Madariaga
Entrar a esta formación ha sido la piedra angular de mi camino de sanación que voy en tránsito. Llegué al primer seminario sin tener la intención de realizar la formación completa, solo buscaba información para entender mi parto, qué había salido mal, cómo debería haber sido.
Tampoco me visualizaba trabajando en el área perinatal. Pero la vida es generosa y me fui quedando y comprendiendo que todo lo sucedido tenía un sentido y que esta formación sería una posibilidad de reencontrar(me) como mujer, madre, hija.
Mi primer parto fue traumático y desde que tomé consciencia de ello, busqué formas de sanarme. Desde grabar un video con mi testimonio, darlo a conocer en redes sociales y dejarlo disponible para que lo utilicen en la formación de pregrado de matronas, organizar la venida de la obra de teatro de la agrupación argentina “Las Casildas” que visibiliza las violencia obstétrica a partir de los relatos de parto de 4 mujeres. También sanando con varias horas de terapia con psicóloga y psiquiatra, grupos de autoayuda… el camino no ha sido fácil y sigo transitando, a veces con dolor, otras veces más optimista, resignificado, comprendiendo (me) dejando de culpabilizarme mi falta de información y empoderamiento.
Como decía, esta formación ha sido clave en este camino. Me ha permitido informarme pero, por sobre todo, bucear en estas heridas para comenzar a comprender lo sucedido y significarlo desde otra perspectiva. El foro, leer a mis compañeras, quizá no participando tanto, pero leyendo cada comentario, cada tarea. De esta manera, esta tribu virtual han sido un soporte muy bonito e importante en este camino, así como también las mujeres que fui conociendo en este camino de la maternidad y que se han convertido en una red fundamental durante todo este año.
La gestación de mi hija durante gran parte de la formación también ha permitido avanzar en este sendero y qué decir de mi parto, en donde he renacido como mujer y madre. Una gestación consciente y empoderada que fue nutriéndose con cada seminario. Sentía que todo estaba hecho a mi medida, que no podía ser de otra manera. Me sentía valiente y feliz, mi gordita en la panza, mi maestra que me mostraba caminos de sanación, tal como lo había hecho su hermano… Así me dispuse a abrir heridas para comenzar a cicatrizar sin dolencia. Dejando los miedos, las culpas que habían dejado mi parto anterior. Ese camino que avanza y también retrocede, que va por caminos pedregosos y también gozosos, de encuentros con nuevas mujeres, redes y amistades que me han
acompañado de la mano, pero también dejando atrás otras.
El parto de mi hija Magdalena sin duda es un momento único, una vivencia en sí misma curadora, en donde voy sanando mi experiencia de parto anterior, pero además sano mi propio nacimiento y también la relación con mi madre, que meses después me dice con lágrimas en sus ojos  “hija, gracias por hacerme parte de tu parto, me siento bendecida y sentí que te pude parir”… con lágrimas en los míos me doy cuenta que veo a mi madre desde otro prisma, comprendiendo sus propias vivencias y dejando de ser tan severa… comprendiendo que hizo lo mejor  que pudo con las herramientas que en ese minuto tuvo a mano… Tan generosa la vida!! Tanto aprendizaje!!
Este camino de sanación claramente continúa, creo que parte de mi sueño también es parte de mi sanación. El acompañar a otras mujeres con vivencias de parto traumáticas, será uno de mis propósitos, facilitar grupos de autoayuda que permitan a otras mujeres
resignificar sus vivencias de parto, poner a disposición un espacio en dónde ellas se sientan escuchadas y comprendidas, será el paso siguiente para ir cerrando mis heridas y poder Sanarme.
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Yanira Madariaga
Psicóloga. Chile
Gesta crianza amorosa