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La muerte perinatal sobre las tablas. Reseña de Una gossa en un descampat (Una perra en un descampado).

Por Iliana Paris, psicóloga
 
Dentro del marco del GREC Festival 2018, Festival internacional de teatro, danza, música y circo que se lleva a cabo en Barcelona desde 1976, Clàudia Cedó, autora residente de la Sala Becket, ha puesto sobre las tablas durante este mes de julio la cuestión de la muerte perinatal. Se trata de una obra autobiográfica que invita al espectador a presenciar cómo podemos ser capaces de encontrar belleza incluso en nuestro más terrible descampado. Gracias a las actuaciones magistrales de su elenco, la obra nos confronta con un viaje a través del dolor, la soledad, la depresión y el vacío, teniendo como recursos añadidos el amor y el humor, y la toma de consciencia como destino final.
Tal y como afirma López García (2011), cuando se produce la pérdida durante el embarazo “la vida y la muerte caminan juntas. Es una paradoja para la que nadie está preparado y por eso es tan delicado saber qué decir o hacer. Tampoco existen rituales religiosos que legitimen, faciliten y reconforten a los progenitores. Los familiares y amigos evitan hablar del tema por temor a causar más dolor que beneficio. Mientras, los padres viven su experiencia en soledad.”[1]Por tanto, se nos hace necesario para tener una adecuada comprensión de la muerte perinatal, escuchar a los padres y las madres, contemplarla desde su mirada, dar cabida a su dolor para poder facilitar la elaboración del duelo. Esto es precisamente lo que Cedó consigue con su obra en el escenario.
Una gossa en un descampattrata del intenso proceso psicológico y emocional que vive Julia desde que se entera, a los 5 meses de embarazo, que tendrá que parir muerto a su hijo, de lo que ocurre durante su ingreso hospitaliario, de su permanencia en la nada, anestesiada por el dolor y las pastillas, y del intenso proceso que vive cuando comienza a dialogar con los desechos de ese descampado que no es más que su propia alma, y cuando se permite recordar y mirar la sombra de sus miedos a la cara, dialogar con su dolor y con su rabia, hasta lograr salir transformada, reconociendo que en un descampado de muerte y sufrimiento también hay lugar para la belleza y la vida. Se trata, en un sentido poético, del proceso de duelo que padece una mujer al parir a un hij@ muert@.
La obra también nos confronta con las dificultades sociales que tenemos para lidiar con la muerte perinatal, de la superficialidad con la que se trata el tema, de la dificultad en tan siquiera mirar, reconocer, nombrar, poner palabras a las emociones de una madre sin hij@. Bien lo dice Julia en un momento de la obra: “para la gente mi hijo no ha existido”, “las personas pasan de puntitas por encima de mi hijo muerto”, “hay silencios que son ensordecedores”; y también lo dicen las caras de l@s espectadores: su llanto, su respiración contenida, su entrega absoluta a una experiencia tabú pero ampliamente compartida. Vivencia de la que el público participamos como “la masa uniforme que somos”, desde la humanidad que nos es común a tod@s.
Este drama también visibiliza las dificultades de la pareja, Pau, el padre de la criatura, de no  poder acabar de entender el dolor de su mujer. En algún momento Pau, antes del fatídico parto, dice: “para mí él no existe, yo no lo llevo dentro, no puedo vivirlo como tú”; y desde esa incapacidad parece dejarla sola, a su suerte con el dolor y el peso de la responsabilidad.
Pero sobretodo Una gossa en un descampat vuelve una y otra vez al dolor y la soledad que viven las mujeres que pasan por esta pérdida, a lo difícil que es entenderla y aceptarla, a sus idas y venidas, con sus culpas y contradicciones al sentir alivio a la vez que una profunda pena, y al miedo a que la vida nunca más vuelva a tener brillo. Esta gran obra nos adentra en el paisaje desolado en el que estas mujeres se ven atrapadas, el paisaje de aquello que pudo haber sido y no fue:
 
“Julia: Mi memoria es como un descampado en el que sólo se pasea mi hijo. Tengo la cabeza llena de desechos.
Julia 2: No son desechos.
Julia: Y arena… y hierba. Arena y hierba debajo de mi hijo. ¿Cómo se puede encontrar la muerte cuando se espera la vida? No saldré. Permaneceré aquí siempre. En este hospital abandonado que es mi cabeza.
Julia 2: Saldrás.”[2]
 
Finalmente, Cedó nos ayuda a salvarnos a través de la esperanza que insufla al mostrarnos la fortaleza que se encuentra en nosotr@s para seguir adelante, de la necesidad de dialogar con las propias sombras, del hacer las paces con la muerte para así poder llegar a la luz que nace de la alquimia del dolor.
 
Muchas gracias Clàudia por este regalo que nos haces. Muchas gracias por tener la valentía y la generosidad de compartir tu duelo. Gracias también por poner esta dura realidad sobre la mesa, por hacerla visible. Y gracias, otra vez, por hacerlo de esta manera tan hermosa, porque tod@s tenemos nuestros descampados, nuestros desechos que ocultan belleza, y nuestras sombras que siempre serán un vehículo para  acceder a la luz y la conciencia. ¡Gracias!
 
Iliana París García
Psicóloga Perinatal
www.ilianaparis.com
 
[1]García López, A. Duelo Perinatal: un secreto dentro de un misterio. Rev. Asoc. Esp. Neuropsiq., 2011; 31 (109), 53-70
[2]Extracto del guión de la obra. https://twitter.com/elvillacampa/status/1016807650925924352/photo/1Traducción libre.

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