Por Dra. ibone Olza
Estamos acostumbradas a escuchar comentarios sobre lo rápido que algunas mujeres famosas recuperan una figura espléndida a las pocas semanas de haber dado a luz, con imágenes en las que se ve como retoman su vida social como si nada hubiese pasado. También son habituales las entrevistas exclusivas en la prensa del corazón en las que las mismas mujeres afirman que ser madre es lo más maravilloso que les ha sucedido en la vida. Este tipo de declaraciones probablemente sean ciertas, pero no dejan de favorecer una idealización de la maternidad y del postparto que dista mucho de la realidad. Y es que incluso cuando tener un hijo es lo más maravilloso de la vida, el postparto sigue siendo un período delicado y casi nunca fácil de transitar, que a menudo está marcado por emociones intensas y contradictorias. Se puede amar al bebé con locura y a la vez tener unas ganas terribles de salir corriendo; sentir un miedo intenso a que algo malo le suceda a la par que pensar que sería mejor no haberlo tenido; y todo esto sin llegar ni siquiera a tener una verdadera depresión postparto. La crianza de un bebé puede llegar a ser extenuante si las expectativas son irreales, es decir, si alguien piensa que la madre puede volver a ser la que era antes del embarazo en pocas semanas o meses.
El bebé humano es el mamífero más dependiente de su madre al nacimiento, y por eso algunos expertos hablan deDiapositiva1 “extero-gestación” para referirse al primer año de vida del bebé en el que sigue siendo dependiente de la madre. En esos primeros meses de vida el cuerpo de la madre sigue siendo el entorno natural para el bebé: necesita tomar el pecho, pasar la mayor parte del tiempo en brazos y sobre todo sentirse muy querido y no estar solo. Las hormonas favorecen esta sintonía entre madre y bebé. Así se entiende que el cuerpo de la madre va a seguir durante muchos meses después del parto al servicio del bebé: es normal que la madre siga utilizando la ropa del embarazo tres meses después del parto o que no recupere su peso previo hasta seis meses después, que sienta que no soporta oír llorar a su bebé y que necesite cogerlo en brazos a la mínima. ¡Es un síntoma de buen apego!
El conflicto y el estrés a menudo surgen entre lo que reclama el bebé por naturaleza y lo que la madre se exige a si misma: muchas intentan además de cuidar a su bebé hacer las tareas del hogar, resolver trámites, recibir a las visitas, hacer ejercicio o dieta, seguir trabajando desde casa… ¡Incluso es bastante frecuente que algunas madres se encuentren organizando una mudanza en las primeras semanas del postparto!
Esta prisa por retomar el ritmo de vida previo al embarazo no deja de ser un grave error. El puerperio es un tiempo crucial con un gran impacto en el desarrollo del bebé. La mejor manera de conseguir hijos sanos, independientes y con una buena autoestima es atendiendo toda sus necesidades cuando son bebés, entendiendo que lo normal a esa edad es que sean absolutamente dependientes. Invertir todo el tiempo posible en la crianza del bebé es invertir en su salud y autoestima.
Las mujeres de hoy en día padecemos el síndrome de la “superwoman”. Hemos crecido sintiéndonos tan capaces como los hombres de hacer cualquier cosa que nos propusiéramos, pero encima estamos poco acostumbradas a pedir ayuda o a conocer nuestras propias limitaciones. La llegada de un primer hijo a menudo desencadena una crisis que puede convertirse en depresión. Y es que por primera vez muchas mujeres sienten que ya no pueden con todo. De hecho a menudo sienten que ya no pueden con nada. “¿Pero como estoy tan mal si no hago nada en todo el día?” es una pregunta recurrente entre las madres con depresión postparto. El “no hacer nada” suele incluir: cuidar del bebé todo el día, amamantarle, cambiarle cinco o seis veces de pañal, atender ocho llamadas telefónicas, hacer la lista de la compra para el padre, levantarse tres veces en medio de la noche, etc…Y encima se sienten mal de no haber invitado todavía a los tíos y primos a que vengan a conocer al bebé ni haber organizado el álbum de fotos…A veces la casa se puede caer encima, y lo que sienten muchas madres es unas ganas enormes de salir corriendo.
Que el embarazo haya sido planeado y deseado no impide que algunas madres tengan un considerable bajón de su estado de ánimo en las semanas o meses que siguen al parto. La depresión es la enfermedad más frecuente en el posparto, afecta hasta un 15% de las madres. Sin embargo muchas de ellas no son diagnosticadas ni reciben el tratamiento adecuado. No se sabe cuál es la causa exacta, pero si que existen un cúmulo de circunstancias que la pueden favorecer o desencadenar. El haber tenido un parto traumático, con fórceps o cesárea urgente y haber tenido un bebé prematuro o que ha requerido un ingreso hospitalario son experiencias duras que por sí mismas pueden desencadenar la depresión posparto o incluso un síndrome de estrés postraumático.
La falta de sueño es una de las cosas que más favorece la depresión. Por eso es muy importante en las primeras semanas aprovechar cada ratito en que el bebé duerme para descansar o dormir junto a él, incluso si son pequeñas siestas de veinte minutos producen una gran mejoría en el estado de ánimo de la madre. En cualquier caso hay que recordar que la depresión posparto es una verdadera enfermedad que requiere tratamiento psicológico y médico urgente.
Los estudios más recientes han señalado que el efecto de la depresión materna sobre el bebé puede ser mitigado gracias al cariño y cuidados de otras personas cercanas a la criatura. Pero no hay que esperar a estar mal para buscar ayuda, la mejor manera de prevenir la depresión y disfrutar el puerperio es pidiendo de manera realista todo el apoyo preciso y práctico que sea necesario ya desde el final del embarazo. Así se recomienda posponer las visitas hasta después del primer mes, con el fin de aprovechar para descansar al máximo, pedir a familiares y amigos que obsequien trayendo guisos nutritivos o llevándose la colada y trayéndola planchada, o sacando a los hijos mayores al parque por las tardes. Saber pedir ayuda antes de estar al límite es una buena manera de prevenir la depresión.
En realidad buena parte del estrés que supone criar un hijo se evitaría si la madre tuviese una red de apoyo formada por otras amigas, madres, tías, abuelas o vecinas, porque para que la madre pueda cuidar a su bebé necesita que otras personas le cuiden a ella. Este papel no debería recaer sólo en la pareja. Acudir a los grupos de posparto en el centro de salud, a los grupos de apoyo a la lactancia, o a veces simplemente salir al parque es una buena manera de encontrarse con otras madres y sentir que no se es la única madre agobiada. Si además de salir a pasear, se aprovecha para tomar un ratito de sol y hacer ejercicio suave: caminar o hacer estiramientos en el parque, la mejoría será considerable.

Foto: Jade Beall
Foto: Jade Beall

Decididamente el puerperio es el momento de simplificar la vida. Los bebés no necesitan el baño diario ni que la casa esté reluciente. Ni siquiera necesitan una habitación propia, ni van a protestar por no tener un monovolumen. Lo único que de verdad necesitan es estar acompañados y que su madre esté bien, descansada y relajada. Cada bebé quiere a su madre y nunca se le ocurre compararle con otras madres. Lo que para algunas mujeres es “una tripa horrible” para ellos suele ser un sitio muy acogedor y blandito junto al pecho de mamá donde les encanta echar la siesta…Va siendo hora de celebrar los cuerpos de las madres con todas sus curvas, de ir desterrando el mito de la madre perfecta y estupenda, y de entender que aceptar las propias contradicciones y conflictos es también una manera de enseñar a los más pequeños a quererse a sí mismos.
La lactancia materna no sólo es el mejor alimento para todos los bebés. También es lo más ecológico, económico y cómodo, sobre todo si es exclusiva. Y cuándo está bien instaurada se convierte en todo un placer. Si dar de mamar duele es que hay un problema. Acudir a los grupos de madres al final del embarazo permite conocer los beneficios y mecanismos de la lactancia y sobre todo tener una red de apoyo por si hubiera cualquier problema en el postparto. Las hormonas de la lactancia favorecen los sentimientos de bienestar en la madre. La lactancia también mitiga el efecto de la depresión en el lactante. Incluso cuando es preciso utilizar psicofármacos para curar la depresión existen antidepresivos compatibles con la lactancia.
Confiar en el propio cuerpo y en el bebé, celebrar el puerperio como un tiempo diferente, como una oportunidad de vivir a otro ritmo y simplificar la vida no es tan difícil, solo hay que dar tiempo a un tiempo único en la vida del nuevo ser.
 
Dra Ibone Olza
Psiquiatra Infanti y perinatal
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Algunas claves de autocuidado
1. Cesáreas: cómo recuperarse
Como si después de una operación de apendicitis hubiese que cuidar de un recién nacido: esa es la situación tras una cesárea. Hay que tomarse la recuperación con calma, descansar mucho durante las primeras seis semanas y no ocuparse de nada que no sea amamantar o reposar, el resto puede esperar. El foro Apoyocesáreas ofrece apoyo emocional y psicológico a las madres que han sufrido cesáreas. (www.elistas.net/lista/apoyocesareas
2. Doulas: una ayuda clave
La palabra doula en griego antiguo significa “sierva” o “exclava”. Las doulas actuales son mujeres o madres expertas que se ponen a disposición de la nueva madre en el parto o en el postparto para facilitarle la crianza de mil maneras: escuchando, ayudando en la lactancia, ocupándose de las tareas domésticas o dando un masaje…Todo lo que pueda favorecer que la madre se sienta bien para ocuparse de su recién nacido de la mejor manera posible. Ofrecen apoyo emocional y físico a las madres de hoy que muchas veces se encuentran francamente solas en el postparto, lejos de sus madres y de su lugar de origen. Las doulas recuperan y transmiten el saber ancestral de las mujeres para parir y criar que en buena parte se ha olvidado en la vida moderna, devolviendo a la mujer la confianza en su cuerpo y en su intuición para criar al bebé con amor.
3. Gimnasia suave.
Caminar al aire libre probablemente sea el ejercicio más sencillo y recomendable en el postparto. Los estiramientos, el yoga o la natación también son recomendables. El poder realizar otro tipo de actividades más extenuantes depende en buena parte del tono físico que tuviera la madre antes del parto y del embarazo.