Por Dra. Ibone Olza
Algunas madres tienen un considerable bajón de su estado de ánimo en las semanas o meses que siguen al parto incluso cuando el embarazo ha sido planeado y deseado. La depresión es la enfermedad más frecuente en el posparto, afecta hasta un 15% de las madres. Sin embargo muchas de ellas no son diagnosticadas ni reciben el tratamiento adecuado. La visión idealizada de la maternidad que se percibe en nuestra sociedad a través de frases como “ser madre es una experiencia maravillosa” o “tener un hijo es lo más bonito que me ha pasado en la vida” dificulta que muchas madres se atrevan a expresar sus sentimientos con sinceridad.
 
¿Porque sucede?
Nunca hay una única respuesta. No se sabe cuál es la causa exacta, pero si que existen un cúmulo de circunstancias que la pueden favorecer o desencadenar.

  • Algunos aspectos médicos como son la anemia o una alteración de las hormonas tiroideas pueden favorecer enormemente la depresión en el posparto. Por eso ante la primera sospecha de que la madre no está bien conviene que visite a su médico de familia para que descarte cualquier otra alteración.
  • Igualmente el haber tenido un parto traumático, con fórceps o cesárea urgente, el haber sufrido violencia obstetrica, el haber tenido un bebé prematuro o que ha requerido un ingreso hospitalario son experiencias duras que por sí mismas pueden desencadenar la depresión posparto o incluso un síndrome de estrés postraumático.
  • Haber tenido depresión durante el embarazo o antes es un factor de riesgo.
  • La falta de sueño es una de las cosas que más favorece la depresión. Por eso es muy importante en las primeras semanas aprovechar cada ratito en que el bebé duerme para descansar o dormir junto a él, incluso si son pequeñas siestas de veinte minutos producen una gran mejoría en el estado de ánimo de la madre.

En cualquier caso hay que recordar que la depresión posparto es una verdadera enfermedad que requiere tratamiento psicológico y médico urgente.
 
La importancia de saber pedir ayuda
Las mujeres de hoy en día padecemos el síndrome de la “superwoman”: hemos crecido sintiéndonos tan capaces como los hombres de hacer cualquier cosa que nos propusiéramos, pero encima estamos poco acostumbradas a pedir ayuda o a conocer nuestras propias limitaciones.
La llegada de un primer hijo a menudo desencadena una crisis que en algunos casos puede convertirse en depresión. Y es que por primera vez muchas mujeres sienten que ya no pueden con todo. De hecho a menudo sienten que ya no pueden con nada. “¿Pero como estoy tan mal si no hago nada en todo el día?” es una pregunta recurrente entre las madres con depresión postparto. El “no hacer nada” suele incluir: cuidar del bebé todo el día, amamantarle, cambiarle cinco o seis veces de pañal, atender ocho llamadas telefónicas, hacer la lista de la compra para el padre, levantarse tres veces en medio de la noche, etc…Y encima se sienten mal de no haber invitado todavía a los tíos y primos a que vengan a conocer al bebé ni haber organizado el álbum de fotos … A veces la casa se puede caer encima, y lo que sienten muchas madres es unas ganas enormes de salir corriendo.
En otras ocasiones la depresión se manifiesta en forma de obsesión por la salud del bebé o por su alimentación. Algunas madres llegan a acudir varias veces a la farmacia para pesar a su bebé ¡en un solo día! Otras madres visitan al pediatra repetidamente buscando un apoyo que haga más soportable la tremenda inseguridad que sienten al ver a su bebé. Algunas madres llegan a tener pensamientos francamente angustiosos, como expresaba una madre que se sentía incapaz de bañar a su bebé por miedo a ahogarlo. En realidad el primer consejo ante cualquier madre deprimida es que no permanezca sola con su bebé. Las posibilidades de que le haga daño son remotas, pero la angustia que siente la madre mejora bastante al sentirse acompañada.
Sin embargo la relación con las personas más queridas suele ser muy difícil en estos casos. Porque el puerperio es un tiempo precioso en el que se tiene la sensibilidad a flor de piel. Pero la necesidad de encontrarse con otras madres expertas suele ser generalizada y de lo más recomendable, porque para que la madre pueda cuidar a su bebé necesita que otras personas le cuiden a ella. Este papel no debería recaer sólo en la pareja. De hecho el padre también sufre la depresión posparto. Los sentimientos más frecuentes en los cónyuges de madres deprimidas según un estudio eran “ella se ha convertido en otra persona”, “tengo miedo de llegar a casa”, “no sé si nuestra vida sexual volverá algún día cómo era antes”; “ella se viene abajo y yo me siento sólo y no sé como ayudar”.
Los estudios más recientes han señalado que el efecto de la depresión materna sobre el bebé puede ser mitigado gracias al cariño y cuidados de otras personas cercanas a la criatura. Sin embargo no deja de ser cierto que los bebés sufren cuando sus madres están mal, y que ellos no necesitan que su madre recupere la figura al poco de dar a luz ni que la casa esté reluciente. Lo que sí que necesitan todos los bebés es estar acompañados todo el tiempo, igualmente si la madre está deprimida es importante que la madre siempre tenga un acompañante, así todo es menos agobiante y más sencillo.
No hay que esperar a estar mal para buscar ayuda, la mejor manera de prevenir la depresión es pidiendo de manera realista todo el apoyo preciso y práctico que sea necesario ya desde el final del embarazo. Así se recomienda posponer las visitas hasta después del primer mes, con el fin de aprovechar para descansar al máximo, pedir a familiares y amigos que obsequien trayendo guisos nutritivos o llevándose la colada y trayéndola planchada, o sacando a los hijos mayores al parque por las tardes. Saber pedir ayuda antes de estar al límite es una buena manera de prevenir la depresión posparto.
La lactancia materna mitiga el efecto de la depresión en el lactante. Por eso no está justificado recomendar a una madre que amamante a su bebé suprimir la lactancia para iniciar tratamiento psicofarmacológico de la depresión, sino más bien todo el contrario: si una madre deprimida consigue seguir amamantando merece un gran aplauso, ya que no es fácil sacar adelante la lactancia cuando se tiene la autoestima tan baja. Incluso cuando es preciso utilizar psicofármacos para tratar la depresión existen antidepresivos compatibles con la lactancia.
 
Para prevenir la depresión

  • DUERME todo los que puedas, cada pequeño momento es importante.
  • Se realista, date tiempo, aunque no lo creas pasará
  • Aprende a pedir ayuda, ¡no te cortes! Te sorprenderá saber cuanta gente cercana está deseando traerte una buena cesta de fruta o llevar a tus hijos mayores a dar una vuelta mientras tú descansas.
  • Encuentra otras madres, en los grupos de posparto, de lactancia o de crianza, en los parques o incluso en Internet.
  • Sal a pasear, aprovecha para tomar un ratito de sol y hacer ejercicio suave: caminar o estirarte en el parque.
  • Tu bebé te quiere a ti y no se le ocurre compararte con otras madres, ¡así que tu no te compares!…
  • Simplifica tu vida. Los bebés no necesitan el baño diario ni que la casa esté reluciente.

 
Ibone Olza
Psiquiatra perinatal