Respetar la fisiología y la psicología del parto solo tiene ventajas.  Cuanto más fisiológico y espontáneo es el proceso, más se reducen el riesgo de complicaciones, las secuelas obstétricas, el tiempo de permanencia en el hospital, la tasa de ingresos en neonatología y la psicopatología posparto. Como dice la OMS: «una buena experiencia de parto va más allá de tener un bebé que nació sano».

 
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Por Michel Odent[dt_divider style=»thin» /]
La especie humana ha sido programada, como todas las mamíferas, para traer al mundo a sus bebés mediante la liberación de un complejo cóctel de hormonas del amor (oxitocina, endorfinas, etc.).  La pregunta que podemos hacernos es:  ¿qué es lo que facilita o dificulta la liberación de este cóctel de hormonas?, o dicho de otro modo:  ¿cuales son las necesidades básicas de la mujer en trabajo de parto?
Nuestra comprensión actual de la fisiología del parto reposa sobre un hecho esencial que debemos tener siempre en mente: el antagonismo adrenalina – oxitocina. Esto quiere decir que cuando los mamíferos segregan adrenalina no pueden segregar oxitocina. Todos sabemos que la adrenalina es una hormona que los mamíferos segregan en situación de urgencia, particularmente cuando sienten miedo, están tensos, se sienten observados o tienen frío.
La oxitocina provoca las contracciones uterinas eficaces para el parto, y es también la hormona del amor, necesaria para la expresión del comportamiento maternal. Si comprendemos este hecho sencillo, podemos enunciar fácilmente una primera conclusión: para parir, la mujer necesita sentirse segura, estar en un lugar suficientemente cálido y confortable, y no sentirse observada.
Los humanos tenemos la fama de tener nacimientos difíciles comparados con los otros mamíferos y los grandes primates, y el principal motivo -aunque hay varios- es el gran desarrollo de la parte del cerebro que llamamos neocortex, el nuevo cerebro.  Podemos presentar al neocortex como el cerebro que piensa, el del intelecto. El desarrollo enorme del neocortex en nuestra especie representa uno de nuestros inconvenientes, ya que las inhibiciones que se dan durante el parto o durante cualquier experiencia sexual provienen de esta parte del cerebro. Sin embargo, la naturaleza encontró una solución para superar este handicap, y es que el neocortex esté en reposo durante el parto, para que otras partes más arcaicas del cerebro (hipotálamo e hipófisis) responsables de llevar a cabo el parto, puedan tomar el protagonismo.  Estas partes primitivas del cerebro son las que tienen que estar activas durante el parto, y que el el neocórtex esté activo es un factor de inhibición.
Cuando una parturienta está sola y el parto se desarrolla correctamente, tenemos la impresión de que hay un momento en el que se corta del mundo (el «planeta parto»), se desconecta de lo que está sucediendo a su alrededor, olvida sus proyectos, todo lo que leyó, todo lo que aprendió y tiene comportamientos que serían inaceptables en una mujer civilizada, como por ejemplo gritar o insultar. Puede ponerse en posiciones muy extrañas, a veces muy primitivas, en cuatro patas asimétricas, completamente imprevistas; tenemos la sensación de que está «en otro planeta».  Eso significa que hay una reducción del control por parte del neocórtex, y esta reducción es el aspecto más importante en la fisiología del parto en la especie humana. Cuando entendemos esto, fácilmente podemos redescubrir las necesidades de la mujer que está pariendo.  

¿Qué factores estimulan el neocórtex?

  1. El lenguaje
    Cuando nos hacen una pregunta, tenemos que estimular el neocórtex para poder responder. Entonces, si consideramos el parto desde el punto de vista de la fisiología, rápidamente redescubrimos la importancia del silencio.  Quizá lleve tiempo redescubrir esto, ya que generalmente se tiende a hablar mucho durante el parto y a utilizar un lenguaje científico que inevitablemente estimula el neocórtex, como por ejemplo hablar de dilatación. Tengo muchas anécdotas de comadronas que no se dan cuenta de que una simple pregunta puede inhibir el parto. Por ejemplo preguntar a una mujer, a las cuatro de la mañana, en pleno trabajo de parto, a qué hora tuvo sus primeras contracciones es una pregunta contraproducente, por este motivo.
  2.  La luz
    El neocórtex de los humanos también puede estimularse por la luz, lo que es perfectamente conocido por los fisiólogos. Muchas mujeres en trabajo de parto buscan, ellas mismas, la forma de reducir los estímulos visuales. A menudo en los partos domiciliarios, cuando la mujer se siente cómoda y deshinibida, la encontramos a cuatro patas o como si estuviera rezando, con lo cual se reducen los estímulos visuales. Esta actitud de recogimiento, como de plegaria, ayuda a reducir la actividad del neocortex para poder tener acceso a otra realidad diferente de la espacio-temporal.
  3. Sentirse observada
    El neocórtex humano también se estimula por la sensación de ser observado.  Todo el mundo sabe que cuando uno se siente observado, la tendencia es a cambiar nuestra actitud.  Tener intimidad, no sentirse observada, se convierte así en una necesidad básica para la parturienta.  Por ello hay una diferencia fundamental entre la comadrona (o la pareja, o personas presentes en el parto) que se ubica frente a la mujer y la que se sitúa a un lado. En inglés usamos la palabra privacy.  «Privacidad» implica que se debe desconfiar de cualquier circunstancia o instrumento que pueda ser percibido como una forma de observación. Alguno de los instrumentos más contraproducentes que se pueden introducir en una sala de parto es una cámara de de fotos o una filmadora. Me sorprende la facilidad con que se utilizan éstos sin ninguna precaución.  Podemos decir lo mismo de los instrumentos médicos como el monitor fetal, con el cual la mujer siente que todas sus funciones corporales son observadas de manera continua, estimulando su neocortex y complicando y alargando el parto, lo que le llevará inevitablemente a más intervenciones, que puedan «salvar» la vida del bebé.  Diversas investigaciones han puesto de manifiesto que la introducción del monitor fetal de rutina y de forma continua en los paritorios tienen el efecto de elevar los índices de cesáreas sin mejorar los resultados de los partos.
  4. Sentirse en peligro
    También cuando percibimos un supuesto peligro estimulamos el neocortex y tenemos necesidad de estar alertas, prestar atención y protegernos. En muchas sociedades, las mujeres tienden a parir no muy lejos de su propia madre, a buscar la proximidad de una madre o una abuela experimentada o de alguien con quienes se sientan seguras. Eso permite comprender el origen de la comadrona.  La partera es una figura maternal y, en un mundo ideal, nuestra madre es el prototipo de la persona con quien nos sentimos seguros, sin sentirnos observadas ni juzgadas.

Una comadrona auténtica es una mujer que, intuitiva y científicamente, comprende el antagonismo oxitocina-adrenalina y sabe que, durante el parto, la parturienta debe mantener su tasa de adrenalina lo más baja posible, y que las secreciones de adrenalina son contagiosas.
 
Dr. Michel Odent
Extractado de la obra «Ecología Prenatal»
Ed. Creavida
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