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Michelle Sadler: “A este sistema le conviene que tengamos miedo al parto”

La antropóloga chilena lleva 25 años investigando en torno al parto y nacimiento y participando en diversos activismos para erradicar la violencia obstétrica.

 

Por Diana Oliver

A Michelle Sadler, antropóloga e investigadora, y docente del Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal en el Seminario Psicología del Parto y Nacimiento, le impresionó tanto la normalización de las violencias que sufren las mujeres durante sus procesos de parto en los hospitales que ha dedicado los últimos 25 años a investigar los mecanismos y las experiencias que están detrás de dichas violencias. “No podía entender cómo era posible que todo lo que estaba viendo estuviera naturalizado”, cuenta. Madre de Eleni y Sofía, sus maestras, dice, en gestar, parir y maternar, ha formado parte de la Red Latinoamericana de Humanización del Parto y Nacimiento (RELACAHUPAN) y dirige el Observatorio de Violencia Obstétrica de Chile (OVO Chile). A su tesis Así me nacieron a mi hija: aportes antropológicos para el análisis de la atención del parto hospitalario, publicada en 2003, le han seguido numerosas investigaciones formales e informales, así como artículos, en torno a la violencia obstétrica, el parto y la maternidad.

Sadler vio un parto por primera vez mientras estudiaba Antropología médica, obteniendo acceso a la maternidad pública de Santiago gracias a la colaboración de una profesora. Lo que descubrió en esa sala común fue un escenario de mucha violencia naturalizada en el que las mujeres expresaban dolor, pero sus quejas eran ignoradas o minimizadas.

Tanto te impresionó aquello que lleva más de dos décadas investigando en torno al parto y este tipo de violencias. “La pregunta que me hacía yo en aquel momento como joven antropóloga era qué hago con todo esto: cómo lo muestro, cómo puedo interpelar al sistema, desde dónde quiero mostrarlo…”, cuenta. Durante una Conferencia Internacional de Parto y Nacimiento respetados de la Red por la Humanización del Parto y el Nacimiento (REHUNA), en Fortaleza (Brasil), experimentó un punto de inflexión. Allí tuvo la oportunidad de entablar una conversación con Marsden Wagner, exdirector del Programa de Salud Materno-infantil de la OMS, quien le dijo claramente: «Si quieres lograr interpelar al sistema médico, debes manejarte su propio lenguaje». Este encuentro marcó su decisión de emprender un camino de estudio profundo para adecuar su trabajo a los requerimientos y al lenguaje del sistema para que fuese validado.

La desacreditación de la investigación en torno a la violencia obstétrica es algo habitual. Explica Michelle Sadler que, a pesar de haber observado más de 100 partos para su tesis, y contar con una importante muestra cualitativa que partía de la experiencia en primera persona de las propias madres y de las profesionales sanitarias, se enfrento a la desacreditación y a críticas, siendo tildada incluso de «hippie». “Esta experiencia me llevó a enfocarme en investigaciones más amplias y cuantitativas, con un lenguaje más médico. Desde ahí hemos partido también para la construcción del Observatorio de Violencia Obstétrica de Chile, fundado en 2014”, señala.

Michelle Sadler en una visita a Madrid en septiembre de 2023.
Michelle Sadler en una visita a Madrid en septiembre de 2023.

¿Influye en la desacreditación el rechazo al término de “violencia obstétrica”? La antropóloga reconoce que no sabe qué hubiese ocurrido si no se hubiera empleado este concepto, pero cree que ha sido importante nombrar la violencia obstétrica como lo que es: un tipo de violencia que atraviesa a las mujeres. “El movimiento latinoamericano por los derechos en el parto fue de los primeros en nombrar este tipo de violencia como violencia contra los derechos reproductivos, violencia contra los derechos humanos, violencia de género. Fue una decisión explícita. Está en las cartas fundacionales de la REHUNA (1993), pero ya en los años 60 y 70 las primeras investigadoras y pensadoras, pioneras en esta materia, la habían nombrado en sus estudios y artículos”.

El acto de nombrar es un acto muy potente. Y, aunque muchos no reconozcan aún el término de violencia obstétrica porque no es fácil reconocer que se ejerce la violencia, Sadler considera que es necesario traspasar ese binomio de buenos y malos, de víctimas y verdugos, y llevar la responsabilidad a la estructura: “Hay un sistema que ejerce violencia no solo hacia las mujeres, también hacia los profesionales de la salud. Pienso en los estudiantes de obstetricia, matronas, médicos, que deben cumplir con cosas que van contra sus principios o en contra de la evidencia con tal de pasar de curso. Los estudios sanitarios mantienen un sistema basado en el autoritarismo, el poder, los rangos”.

Según Sadler, es importante señalar que la información que nos llega sobre los procesos reproductivos no siempre está basada en la evidencia científica, sino que puede ser una información adaptada a la conveniencia de factores de tipo organizacionales o financieros del propio sistema. “A este sistema le conviene que tengamos miedo al parto, que lo veamos como algo arriesgado, peligroso, porque así “nos ajustamos a ese sistema” y a esas necesidades que trascienden la evidencia o lo que es mejor para la mujer”, lamenta.

El parto, en la mayoría de los casos, es un evento normal, que no debiera tener complicaciones. Sin embargo, como explica la investigadora, se nos ha hecho creer lo contrario: que es inherentemente patológico, que es muy complicado, que necesita de determinadas intervenciones. Hay un discurso de riesgo que permea las representaciones del parto, y que muchas veces se utiliza como justificación para las elevadas tasas de intervenciones y de cesáreas que presentan muchos países en la actualidad. En Chile la tasa de cesáreas es del 59%, muy por encima de las recomendaciones. En muchos casos, como explica Sadler, el sistema de salud traspasa la responsabilidad de estas cifras a las mujeres, quienes solicitarían cesáreas en ausencia de motivos médicos que las justifiquen. Sin embargo, los estudios disponibles en el país demuestran lo contrario; la gran mayoría de las mujeres desea partos vaginales y la opción de cesárea se va construyendo, en gran parte de los casos, en las interacciones con el personal de salud durante el embarazo y/o parto, cuando se les va insistiendo en los riesgos del proceso.

¿Cuál es la solución? “Tenemos que sacar el parto del hospital, que en el hospital queden los partos que deban ser intervenidos, pero no para todos. Es muy difícil que cambie la estructura de poder, los incentivos económicos, las formas de trabajo… El sistema pone todas las barreras para que cambie la atención al parto. Si tú sacas el parto de esta estructura, a otro territorio, cambia todo. Las casas de nacimientos son una buena alternativa”, concluye Michelle Sadler.

 

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