El trabajo fotográfico de Carol Renaux trata de visibilizar y reivindicar el vínculo salvaje e instintivo entre las madres y los hijos, con su belleza, pero también su dureza.

 

Cuando Carol Renaux se convirtió en madre, experimentó algo común a muchas mujeres: la maternidad la llevó a reconectar con su faceta más creativa. Y es que si bien desde su infancia sintió una fuerte conexión con el cine, los libros y la fotografía, y siempre estuvo obsesionada con capturar el paso del tiempo, terminó estudiando ingeniería. A ello se dedicó hasta que se convirtió en madre, experiencia que la llevó a reconectar con sus sueños, especialmente con la fotografía, y tomó la valiente decisión de dejar su carrera como ingeniera para formarse como fotógrafa, completando el Master profesional de fotografía en la escuela Workshopexperience de Madrid en 2014. En esta década, no solo ha continuado su aprendizaje con diversos cursos, sino que ha emprendido varios proyectos fotográficos centrados en la maternidad.

El último, MAMÍFERA, un proyecto fotográfico que retrata la experiencia de la maternidad de forma honesta y brutal, y que surgió como continuación a su anterior proyecto llamado PUÉRPERA, a través del que documentó durante tres años su tercer y último postparto y su propia experiencia maternal. “PUÉRPERA cambió mi forma de fotografiar la maternidad. Soy fotógrafa profesional de maternidad y familia, por lo que estoy en contacto diario con otras mujeres en el postparto y que maternan. Y gracias a ese contacto diario, a documentarme e investigar sobre múltiples aspectos relacionados con la maternidad e ir adquiriendo cierta perspectiva personal sobre la maternidad al ir creciendo mis propios hijos, sentí la necesidad de retratar y mostrar la maternidad de una forma más honesta e instintiva”.

De esa necesidad nació MAMÍFERA: para visibilizar y reivindicar el vínculo salvaje e instintivo entre las madres y nuestros hijos, su belleza y dureza. “Retratar la ambivalencia de una experiencia trascendental que, como muchas otras relacionadas específicamente con las mujeres, ha sido escasamente documentada y relegada al ámbito doméstico”, cuenta Renaux.

¿Puede ser la maternidad una fuente inagotable de inspiración y creatividad?

No sé si inagotable, pero definitivamente ha sido, es y será una fuente de inspiración y un motor de transformación para muchas mujeres a lo largo de la historia.

Hasta hace poco, el tema de la maternidad era considerado secundario y pasaba desapercibido, principalmente porque se percibía como un asunto privado y doméstico que concernía únicamente a las mujeres. Las propias madres rara vez eran las narradoras de sus experiencias; más bien, eran objeto de representación, idealización o culpabilización. Esta falta de representación ha contribuido a crear una imagen distorsionada y endulzada de la maternidad en la sociedad. Afortunadamente, cada vez más mujeres asumen el papel de narradoras y creadoras en el ámbito de la maternidad, buscando desmontar esa imagen irreal que tanto perjuicio causa.

¿Maternidad y creación van de la mano?

Rotundamente sí. Maternar representa el acto creativo supremo, pues no solo creamos y cuidamos nuevas vidas, sino que también damos forma a nuestras propias existencias. Este proceso de creación, que implica la llegada de un nuevo ser y la construcción de un mundo renovado, constituye, en sí mismo, un ejercicio creativo. Sin embargo, para las mujeres con sensibilidad artística, este acto puede ser un océano creativo abrumador.

El nacimiento de un bebé no solo da origen a una nueva vida, sino que también nos transforma, reconectándonos con nuestra infancia, traumas y alegrías que llevamos con nosotros. El posparto, marcado por un desbordamiento emocional y una vulnerabilidad extrema, se revela como un período de inspiración y creatividad, ya que estamos profundamente conectadas con nuestras emociones más íntimas. Es en este momento que surge la necesidad de canalizar y expresar artísticamente lo que experimentamos.

El nacimiento de un bebé no solo da origen a una nueva vida, sino que también nos transforma, reconectándonos con nuestra infancia, traumas y alegrías que llevamos con nosotros.

¿Puede ser todo lo contrario? ¿Qué salga volando esa creatividad fruto del agotamiento?

En mi opinión, la creatividad surge de manera inevitable en ciertos momentos, siendo la dificultad, el dolor y la frustración situaciones que pueden actuar como catalizadores y estimulantes. Sin embargo, también es esencial contar con tiempo y tranquilidad para entablar un diálogo interno, escuchar nuestra propia voz y, como resultado, liberar nuestra creatividad.

La creatividad es una energía que, si no se dispone del tiempo o los recursos necesarios para canalizarla, tiende a escaparse. Es como tener la calefacción a máxima potencia pero con todas las ventanas de la casa abiertas; puedes sentir el calor, pero no logras calentarte ni aprovecharlo a tu favor hasta que lo canalizas adecuadamente.

¿Por qué fotografiar la maternidad?

Para mí, capturar la maternidad a través de la fotografía es un acto de honra y reivindicación.

Necesitamos abordar la maternidad con sinceridad, sin disfrazar ni ocultar la dureza y complejidad de la experiencia, pero también destacando el placer y la belleza que conlleva. La maternidad nos atraviesa, generando cambios físicos y emocionales que transforman nuestra mente e identidad de manera permanente. Considero que esto es extraordinario y merece ser exhibido y defendido.

Al mismo tiempo, al visibilizar la maternidad, podemos reflexionar sobre las dificultades psicológicas, laborales y sociales que enfrentan las mujeres en este proceso. Esto nos brinda la oportunidad de encontrar formas de apoyo y mejorar la experiencia, beneficiando tanto a las mujeres como a los bebés, niños y la sociedad en general.

Necesitamos abordar la maternidad con sinceridad, sin disfrazar ni ocultar la dureza y complejidad de la experiencia, pero también destacando el placer y la belleza que conlleva.

Para algunas mujeres el paso por la maternidad también supone la aceptación de su cuerpo. ¿Qué supone la fotografía en este sentido?

En mi enfoque, priorizo capturar los lazos, las expresiones y los detalles que hacen única la relación entre los bebés y las madres que fotografío. Busco la belleza, lo que significa que siempre estoy atenta a la mejor luz, perspectiva y a crear imágenes emotivas, pero me opongo a realizar retoques estéticos en mis fotos. No estoy dispuesta a eliminar kilos, estrías, arrugas ni cualquier otra característica que se considere una imperfección en esta imposición de lo que se supone que es bello y a la cual prácticamente ningún cuerpo materno escapa. La maternidad es tan extraordinariamente hermosa que me resisto a endulzarla y disfrazarla.

¿Qué crees que es importante captar?

El vínculo íntimo y primal entre las madres y sus bebés, plasmado en sus abrazos y miradas, así como en los detalles que convierten a cada familia en algo único e irrepetible. Esta cotidianidad, a la vez dura y hermosa, me cautiva. Disfruto inmortalizando las emociones asociadas a dar la bienvenida a un nuevo miembro de la familia, así como capturar esos detalles fugaces y maravillosos de los bebés, como sus gestos, sus manitas y sus movimientos al estirarse. Cada bebé, cada familia tiene sus propios detalles únicos que me encanta documentar.

¿Cuáles son tus referencias artísticas?

A nivel fotográfico, encuentro inspiración en la obra de Victoria Peñafiel, una destacada fotógrafa de maternidad en Barcelona, que considero la mejor en su campo en España. Su enfoque al retratar y narrar la maternidad siempre me sirve de inspiración. Ana Álvarez-Errecalde, fotógrafa argentina establecida en España, también es una referencia importante para mí. Su obra y trayectoria están dedicadas a reivindicar los cuidados y la maternidad de manera cruda y directa. Además, mis influencias se extienden al arte, encontrando ternura y abrazos en las obras de Gustave Klimt o Marc Chagall, y en mi gran amiga pintora y escultora Mónica Pascual. En la literatura, me inspiran obras como «Nacemos de mujer» de Adrienne Rich, «El nudo materno» de Jean Lazarre, «Maternidades precarias» de Diana Oliver, y «La historia de los vertebrados» de Mar García Puig. También me influyen activistas por los derechos de las mujeres y niños, como Ibone Olza, junto con muchas otras personas en mi entorno que moldean mi perspectiva sobre el mundo.

 

 

 

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